Que no deje de dolerme el sufrimiento ajeno


sufrimiento

La última semana me ha puesto muy en contacto con el sufrimiento del que ha perdido a un ser amado.  Y no lo digo sólo a gran escala -el accidente aéreo de Germanwings- sino de un modo mucho más cercano, íntimo y concreto: a la esposa de un compañero de trabajo -que, con el tiempo se ha transformado en amigo- le han dado, tras una dura e implacable enfermedad, una semana de vida.  Me cuesta imaginar las sensaciones que se deben agolpar en la mente y el corazón de uno en esas circunstancias.  Y más cuando -como es el caso- el matrimonio lleva toda la vida en pareja y estaban más que felices, deseando llegar a su muy pronta jubilación para compartir, como nuevos adolescentes, todos los instantes en su mutua y enamorada compañía.

Aunque vivimos a toda velocidad, rodeados de proyectos y problemas que nos impiden fijar la vista en los demás, es importante ralentizar el paso para mirarlos a los ojos.  Porque el otro a menudo lo necesita, y porque -si miramos atentamente- nos veremos reflejados en su pupila…  Aunque eso pueda darnos miedo, aunque nos vuelva vulnerables.  Está bien el protegerse, pero no a costa de nuestra humanidad.

A nuestro alrededor hay mil rostros sufrientes, mil crucificados se alzan sobre nuevos Gólgotas sin que les dirijamos la más mínima mirada.  Parece que su proliferación, que el exceso (también de sufrimiento) que nos rodea nos ha acostumbrado y nos ha vuelto inmunes, hemos aprendido a caminar sin mirar, ni ver…  Por lo que condenamos al que sufre, no sólo a seguir sufriendo, sino a seguir haciéndolo en soledad.  Borramos los rostros que nos incomodan y, al hacerlo, arrancamos jirones de nuestra alma, de nuestra humanidad.

A tu lado hay personas que lloran, por dentro y por fuera, y tienen sus motivos.  Es posible que no puedas solucionar sus problemas, pero puedes compartirlos.  Una palabra, una mirada, una conversación, un abrazo, una lágrima compartida…  No van a solucionarle los difíciles momentos por los que está pasando, pero los hará mucho más llevaderos…  Y, a ti, te volverá más humano.

No cierres los ojos, ni la puerta de tu alma, a aquél que sufre.  Permite que te duela el mundo, porque ese dolor te mantendrá despierto y, al estarlo, es posible que puedas convertir algún llanto en risa, alguna lágrima en caricia, algún momento de desesperación en el punto de partida de una nueva esperanza.  Basta con que estemos ahí, conscientes, disponibles, abiertos, amando…  Porque el milagro está deseando suceder…  Y tú eres su instrumento.

Anuncios

Un comentario en “Que no deje de dolerme el sufrimiento ajeno

  1. Bonitas palabras. Mi más sincero apoyo a esta familia.
    Me gustaría que este compañero escuchara o leiera tus palabras; para amainar un poco su dolor. Que Diós le proteja y le de fuerzas a él; viendo apagar la luz de la vida de su esposa, dándo lugar a “otra” vida celestial, sin dolor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s