Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

La elegancia como virtud


Cisne-wallpaper

La elegancia no está de moda, aunque la estética -especialmente la más voluble y superficial- sí que lo esté.  Hay una preocupación por nuestra imagen, por nuestras ropas, por nuestros complementos, pero un triste olvido de que debe existir una correspondencia -lo más simple y directa posible- entre nuestro interior y nuestro exterior, entre lo que somos y el modo en el que nos manifestamos.

Quiero utilizar estas líneas para reivindicar la elegancia como virtud, como el arte de saber extraer con sencillez lo mejor de uno mismo, de las cosas y de los demás.  La elegancia no es sólo estética, también es ética, y hunde sus raíces en la fidelidad a la esencia de las cosas, en el respeto por la realidad, en el cuidado exquisito que uno presta al valor de cada cosa, sin excepción.

La elegancia nace de una forma de relacionarse cargada de profundidad y preocupación por el otro: el cultivo y cuidado de lo mejor es lo que nos hace cuidar nuestra apariencia resaltando nuestras virtudes y disimulando nuestros defectos para ofrecer lo mejor de nosotros mismos a los demás.  La elegancia es la que nos impulsa a atender y valorar las mejores aptitudes de nuestro prójimo, a preocuparnos por sus logros, a ayudarle en sus dificultades.  Es el poner el centro en el otro lo que nos llama a levantarnos en el autobús para ceder nuestro asiento a una persona mayor que entendemos que estará más cómoda sentada…  Nuestras formas desvelan nuestro fondo, manifiestan como somos, con sencillez y sin pompas.

Por eso no hay que confundir la virtud de la elegancia con el vicio del narcisismo.  La primera consiste en volcarse hacia afuera, hacia los demás, compartiendo lo mejor de nosotros mismos y disfrutando de las maravillas ajenas.  El narcisismo, por el contrario, es una forma de autismo vital en la que tomamos alguna de nuestras virtudes y la tornamos en defecto al hacer pivotar toda nuestra existencia en torno a ella, pervirtiéndola por esta vía y transformándola en camino de aislamiento y deshumanización.

Como siempre, lo más virtuoso y elegante es lo más simple: basta con no poner impedimentos para que la Realidad se manifieste en su grandeza y maravilla a través de nosotros, y de todo aquello que nos rodea.  Sin artificios, con naturalidad.  Vivir con elegancia no tiene más secreto que vivir con consciencia, simplicidad y sentido…  Atendiendo a lo que es, a la naturaleza última de cada cosa… Que no es poco.

Llenemos el mundo de elegancia y belleza ayudando a que todo y todos mostremos nuestro mejor rostro.  ¿Puede haber algo más elegante?

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Un comentario el “La elegancia como virtud

  1. Marta Alicia Jimenez Razo
    2 de abril de 2015

    Gracias, de verdad me ha bastado apenas un par de dias para disfrutar de sus escritos verdaderamente elegantes, exquisitamente simples y de naturalidad disfrutable

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Esta entrada fue publicada en 1 de abril de 2015 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , .
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