Luces y sombras de las bodas


boda

El sábado estuve de boda, se casaba mi hermano…  El pequeño de la casa.  La novia, que estaba hermosísisma y radiante, una mujer capaz de sacar lo mejor de él.

Me gustan las bodas, tanto por sus luces como por sus sombras.  Las primeras me iluminan y alegran.  Las segundas me ilustran sobre la catadura moral de esta modalidad caída de la naturaleza humana de la que todos participamos.

Cada vez que acudo a una Iglesia a escuchar cómo una pareja se da el “sí quiero”, mis recuerdos me hacen revivir el día de mi boda, hace ya casi 13 años.  La dulce espera junto al altar, los nervios al ver entrar a la novia, esa emoción que parecía nacer en el estómago y subir hasta la cabeza, la electricidad que surgía del roce de nuestras manos durante la ceremonia, el éxtasis al escuchar cada canción, el deseo de pronunciar las palabras que nos unieran para siempre, ponerle el anillo y sellar nuestro matrimonio con el tan esperado beso…  Todo lo vi -y reviví- el sábado, y me alegré por ellos…  Buen comienzo.

Todo -tanto en la ceremonia como en el convite- salió a pedir de boca…  Fue perfecto, al más puro estilo de la pareja: elegante, agradable, simpático…  Y prestando especial cuidado a esos pequeños detalles que marcan una gran diferencia.  Creo que disfrutaron del día, que se lo pasaron bien…  Y que estuvieron arropados en su alegría por todos aquellos que tanto les queremos.

Cuando uno participa de un comienzo de matrimonio tan dichoso, no puede menos que dedicar unos minutos a reflexionar sobre qué les sucede a tantas parejas que, al cabo de unos años, apenas se soportan el uno al otro.  ¿El tiempo? ¿La vida? ¿Los problemas compartidos? ¿La monotonía? ¿El aburrimiento?

Imagino que cada pareja tendrá sus motivos, pero la ilusión de los contrayentes contrastaba -y mucho- con el rostro de indiferencia -cuando no de fastidio- de algunos de los matrimonios presentes en la celebración y el banquete.  En serio, ¿dónde ha quedado enterrada esa alegría de los primeros momentos?  El tiempo pasa para todos, ¿por qué mata el amor en unos y hace crecer y florecer el de otros?  ¿Por qué algunos matrimonios cada vez tienen más vida, mientras que otros parece que van muriendo poco a poco? ¿Por qué los problemas unen a unas parejas -y les animan a luchar juntos- mientras que separan a otras, que se culpan mutuamente hasta romper todo aquello que les unía? ¿Cómo puede uno aburrirse de esa persona que durante el noviazgo le pareció tan fascinante como para compartir la vida con ella? ¿Acaso ya no somos capaces de descubrir todos aquellos matices que la hacían deliciosa?

Obviamente, escoger bien resulta esencial…  Lo cual dota de especial importancia a ese periodo de prueba y descubrimiento que es el noviazgo.  Pero la suerte, la sexualidad y el trabajo interior de la pareja también tienen mucha influencia al respecto.  O el azar pone en tu camino a tu media naranja, o no la pone.  Y, o eres capaz de descubrirla y conquistarla, o no lo eres.  Y una vez juntos, o creces diariamente, mejorándote y ayudando a desarrollarse a quien contigo comparte la vida, o pronto habréis acabado de descubriros, pronto estará todo visto y conocido…  Y pronto os alcanzará el tedio, la monotonía y el aburrimiento.

Respecto a los problemas y las dificultades, a todos nos toca lidiar con ellos.  La diferencia se encuentra en cómo los gestionamos.  Si somos capaces de convertirlos en una ocasión para trabajar juntos y crecer mediante su intento de resolución, nos habrán enriquecido.  Si, por el contrario, nos regodeamos en la dificultad, nos repartimos las culpas y entramos en una dinámica de enfrentamientos e incomprensiones…  Ahogaremos el amor en medio de tanta podredumbre humana.

De esa misma podredumbre humana que se pone de manifiesto en todos los eventos sociales, especialmente en las bodas, en esa crítica generalizada a todo y a todos.  Aunque soy bastante insociable y tengo por norma disfrutar de estas celebraciones prestando especial atención a mi familia, no por ello dejé de percibir -y de escuchar- esos comentarios que puedes encontrar en todos estos actos, dando a luz la sombra de quienes los susurran entre dientes: que si Fulanita se ha engordado, que si Menganita viene de largo cuando estaba prescrito venir de corto, que si Sotanita viene de diva, que si ésta parece una golfa, que si la otra no va conjuntada…  Pero la cosa no es exclusiva de las mujeres, no os llevéis a engaño…  Los tíos somos igual de crueles o más: Fulanito se está quedando calvo, Menganito tiene una pinta de amargado que te mueres, Sotanito viene de guaperas y mejor le iría prestar más atención a su mujer, que seguro que le engaña…  Lo dicho, a unos y a otros se nos van las frustraciones y complejos por la boca.

¿Por qué somos incapaces de centrar nuestra atención en lo mejor del momento, participando de corazón en la celebración?  El sábado era ocasión de disfrutar, de acompañar, de rememorar, de amar…  ¡Y qué pocos besos vi, más allá de los de los novios!  Como me enseñaron de pequeño: “¿vergüenza de amar? ¡Vergüenza de pecar!”.  El beso, la caricia, el abrazo…  ¡Son tan necesarios!  Poros físicos por los que se encuentran las almas…

El sábado fuimos de boda y, una vez más -y pese al tiempo y las dificultades- susurré entre dientes, mirando de reojo a mi esposa: “sí, quiero”.  Quiera Dios que nunca cambie esta respuesta, y que sigamos haciéndonos florecer el uno al otro -día a día- con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestras sonrisas y nuestras lágrimas, con nuestras discusiones y reconciliaciones, con nuestras caricias y besos.  Y lo mismo te deseo a ti, porque no hay nada mejor.

¡Vivan los novios!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s