¿Reparar o desechar?


jarron roto

No hay acontecimiento que sea absolutamente fortuito, nada sucede simplemente porque sí, todo aquello que nos acontece nos está susurrando al oído algo que necesitamos aprender…  Por las buenas, o por las malas.

Anteayer, un objeto muy querido se me escapó entre los dedos, cayó al suelo y -al golpearse- se hizo añicos al partirse en mil pedazos.  Algo se me rompió por dentro en ese instante.  Todos los recuerdos, sentimientos y emociones que acompañaban a ese regalo se agolparon como un violento torbellino en mi mente, y en mi estómago.

Roto, se ha roto, se ha acabado…  Ése fue mi primer pensamiento.  En ese instante me vino a la mente, como una revelación, una expresión que he oído repetir muchas veces al Papa Francisco: ésta es una cultura de descarte, en la que nos deshacemos de lo que no nos sirve, de aquello que nos molesta, de todo lo que se ha roto…  Pero hay otra opción, aunque la olvidemos, la de la acogida y la reparación.  Exige más paciencia y dedicación, pero se trata de un cuidado que nos humaniza y enriquece.

Así que me agaché y busqué todos y cada uno de los fragmentos que había esparcidos por el suelo.  No fue fácil dar con todos.  Después -pese a mi poca maña con los puzzles- busqué el lugar de cada pedazo y, con mucho cuidado, fui enganchándolos con pega de contacto.  No voy a decir que la cosa terminó como al principio, porque mentiría, pero el resultado fue bastante bueno.

Ahora, que lo tengo sobre la mesa mientras escribo, se me escapa una media sonrisa de satisfacción al descubrir en sus imperfecciones que esta reparación supone una nueva experiencia, un nuevo recuerdo, que todavía me une más y dota de mayor valor a ese antiguo regalo.  Ahora es más mío, y yo más suyo…

Y vuela mi mente a todas esas relaciones rotas, a todas esas amistades perdidas, a todas esas parejas que se van quedando en la cuneta de la vida.  Y me pregunto, ¿cuántas veces podría salvarse un corazón roto si dedicáramos tiempo y esfuerzo para pegarlo y recomponerlo con el adhesivo del perdón, la comprensión, la paciencia y el amor?

Sé que es más fácil deshacerse de lo que se ha roto…  Pero con cada cosa, con cada relación y con cada persona que tiramos por la borda, también un pedazo de nuestro corazón y de nuestra alma se queda por el camino.  Piénsalo, inténtalo…  ¿Puede repararse?  ¡Hazlo!  Tú serás, en el fondo, quien más se beneficie.

Termino con una imagen, deliciosa, que he encontrado en Internet…  Bien podría haber encabezado este post, ya que resume perfectamente su contenido.

durar 65 años

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