En torno a Mnemósine y la atención plena


Gabriel_Dante_Rosetti,_Mnemosyne

Soy de aquellos que están convencidos de que la atención plena al instante presente es un requisito imprescindible para poder degustar la vida y encontrar en ella instantes de gozo y felicidad.  Las técnicas de mindfullness, de concentración y atención aquí y ahora, son algo más que una excusa para publicar libros y realizar cursos…  Son un método muy práctico y simple para no pasar por la vida como un zombie, a la merced de los vientos que soplen en cada instante.

Sin embargo, no soy amigo de los fundamentalismos…  Tampoco del que extrema su postura hasta el punto de afirmar que sólo el presente tiene valor, que pasado y futuro no son más que humo y ensoñación.  También el focalizarse única y exclusivamente en el instante presente puede ser una forma de alienación.

De hecho, hay una experiencia por la que todos hemos pasado y que puede ofrecernos alguna intuición sobre la importancia de conjugar la atención al momento presente con una adecuada gestión de los recuerdos: la experiencia del dolor, del fracaso, de la pérdida, de la decepción…  Aunque podríamos comenzar a analizar los fundamentos de cada una de ellas, para así dilucidar cuáles proceden de nuestras propias expectativas o apegos, no es eso lo que quiero hacer hoy.  Prefiero que cierres los ojos y recuerdes alguno de esos duros momentos por los que estoy seguro que has pasado.  Intenta volver a ese instante y revivir cómo te sentías.  En esos malos ratos, la atención plena podría llevarte a percibir todo lo que de bueno todavía existía pese a tu desgracia o dolor, podría ayudarte a percibir en toda su magnitud el mal que te aquejaba, podría facilitarte su comprensión e integración…  Pero la plena consciencia de ese difícil instante cargado de dolor, también podría romperte por dentro.

¿Qué nos salva cuando parece que todo se hunde? ¿Qué nos queda cuando parece que todo se ha perdido? Mnemósine, la Diosa de la Memoria y el olvido, la encargada de traer al presente nuestros buenos recuerdos para llenarnos de esperanza, así como de velar los dolores del pasado bajo el manto del olvido para evitar que nuestra vida sea un valle de lágrimas.  La gestión de los recuerdos es esencial para  lograr una vida equilibrada y plena, especialmente en los momentos más difíciles.  Porque la reminiscencia, la memoria, es la que trae al presente el gozo del pasado y nos anima a seguir caminando con esperanza -en el difícil aquí y ahora- para obtener nuevas satisfacciones en el futuro.

Así pues, no seamos talibanes del presente, capaces de destruir la estatua erigida en honor a Mnemósine.  Mejor mantengamos nuestra atención plena en el aquí y el ahora, sabiendo que no habríamos llegado a él sin ese pasado que nos nutre, y al que podemos volver -para alimentarnos- a través del recuerdo…  Y siendo conscientes, también, de que con cada respiración y decisión actual estamos construyendo el futuro que pronto será nuestro presente.

¡Ojalá la plena consciencia de nuestro pasado y nuestro futuro nos anclen, con mayor atención y profundidad, a la viva experiencia de nuestro instante presente!

Vive, saborea, aquí, ahora…  Y no dejes de honrar, nunca, a Mnemósine.  Lo merece.

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