La teología que yo quiero


Teología

Uno, en ocasiones, tiene la dicha de encontrar personas o textos que expresan -con total lucidez y sensibilidad- aquello que el propio corazón cobija pero no siempre sabemos dar a luz.

Esta mañana, al leer el prólogo de Javier Melloni a “El Dios de la perplejidad”, de Abdelmumin Aya y José Manuel Martín Portales, me he topado con una de estas resonancias que te ponen en sintonía contigo mismo, y con Algo o Alguien que está más allá -y más acá- de tu propia individualidad.  El texto, en cuestión, dice así:

“La teología no deviene una construcción de un sistema de pensamiento en la que secuestrar a Dios sino una deconstrucción permanente de todo sistema para abrirnos al Dios siempre mayor, oculto en la misma capacidad de pensar, de inquirir e indagar que ha dado a los humanos para encontrarlo”

Ésta es, como encabeza el título de este post, la teología que yo quiero: un conocimiento íntimo de Dios que se anonada ante su trascendente inmanencia, que enmudece ante en Silencio del que surge la Palabra, y que no confunde a ésta con el ruido que, a estos efectos, es Satán.

Conocer a Dios para conocerse a uno mismo, conocerse a uno mismo para conocer a Dios…  Divina paradoja de la trascendente inmanencia, o de la inmanente trascendencia.  Interminable camino por recorrer que nos devuelve al Principio.

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