Beatificación de Monseñor Óscar Romero


oscar romero

Están previstos para hoy los actos de celebración de la beatificación de Monseñor Óscar Romero, un buen pastor -de El Salvador (adecuado nombre y lugar)- que dio su vida por el Dios que se oculta en las más sufrientes de las ovejas.  Estamos todos, por tanto, de celebración.  Católicos y no católicos, creyentes y personas sin Fe.  Porque su sed de justicia y su entrega a los demás es ejemplo que no sabe de banderas, que a todos conmueve e inspira.

Como afirmó el también asesinado Ignacio Ellacuría, “con Monseñor Romero, Dios ha pasado por El Salvador”, un Dios encarnado en un lugar y tiempo muy concretos, en la forma de un obispo con la cabeza en el Cielo y las manos y los pies en la tierra, de un sacerdote que hacía de su vida un divino compendio de contemplación y acción, de oración y trabajo, de adoración y exigencia.

Desde Meditaciones del día, queremos compartir un texto de “San Romero de América” que sintoniza -y mucho- con cuanto solemos preconizar desde estas páginas.  Está extraído de su homilía de 10 de julio de 1977, y dice así:

“Vivimos muy afuera de nosotros mismos.  Son pocos los hombres que de veras entran dentro de sí, y por eso hay tantos problemas…  En el corazón de cada hombre hay como una pequeña celda íntima, donde Dios baja a platicar a solas con el hombre.  Y es allí donde el hombre decide su propio destino, su propio papel en el mundo.  Si cada hombre de los que estamos tan emproblemados, en este momento entráramos en esa pequeña celda y, desde allí, escucháramos la voz del Señor, que nos habla en nuestra propia conciencia, cuánto podríamos hacer cada uno de nosotros por mejorar el ambiente, la sociedad, la familia en que vivimos”.

Y termino con un par de citas más, correspondientes a sus homilías del 7 y 14 de agosto del mismo año, que nos ponen en sintonía con su persona y vida:

“Dios no camina por allí, sobre charcos de sangre y torturas.  Dios camina sobre caminos limpios de esperanza y amor”.  ¿Molesta tanta claridad y crudeza en sus palabras?  Normal, porque “el profeta tiene que ser molesto a la sociedad, cuando la sociedad no está con Dios”.

Trataron de acallar su voz, primero con la crítica, después con una bala, finalmente relegándolo al olvido…  “Como la Biblia, podemos preguntar a los que mataron y a los que siguen persiguiendo a los cristianos: ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?  La victoria es la de la fe.  Han salido victoriosos los matados por la justicia”.

Con la beatificación de Monseñor Romero toda la Iglesia gana en autenticidad, en valentía, en evangelio.  Dejemos que su ejemplo nos fecunde y de a luz lo mejor de nosotros mismos…  Que nos ayude a convertirnos en hombres para los demás.

Feliz beatificación, grandioso día.

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