Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Las prisas que todo lo matan


velocidad

Ayer me sucedió algo -simple, sencillo, cotidiano- que me hizo tomar consciencia de que las prisas asesinan la vida.

Como tuve una mañana complicada, llegué a casa con el tiempo justo para acompañar a mis hijos al colegio.  Así que entré en mi hogar, besé fugazmente a mi esposa y criaturas, me senté en la mesa como una exhalación y devoré en no más de cinco minutos la comida que con arte, destreza y mucho cariño me había preparado mi mujer.  Bebí dos sorbos de un té que ardía y, sin lavarme los dientes, metí a todos los niños en el coche y los llevé -quemando rueda- de vuelta al colegio.

La tarde no fue mucho más tranquila…  Pero, por la noche -al volver a casa- me esperaba el oasis de paz y bienestar habitual, el descanso del guerrero que hace posible mantener el ritmo de las luchas diarias.  Besé a mi mujer con mucho más detenimiento que al mediodía, disfruté de su perfume y cercanía, deseé unas buenas noches a mis hijos, les arropé, me explicaron cómo les había ido el día -y yo cómo me había ido el mío-, me puse cómodo y me senté en la mesa para cenar, mientras nos poníamos al día.  Me esperaba un plato ya montado, con una hermosa estética que ya anticipaba el delicioso sabor que me esperaba.  Sobre una base tricolor cuyos ingredientes no se adivinaban, un molde de arroz salvaje aromatizado con un aliño y coronado con sal maldon y una exótica especie oriental, me decía a gritos: ¡Cómeme!

No me resistí mucho.   Di gracias a Dios por los alimentos -y por la cocinera- y me llevé el primer bocado a la boca.  Era espectacular, maravilloso, una obra de arte.  Entusiasmado, se lo hice saber a mi esposa:

– Cariño -le dije- es un plato exquisito, algo inenarrable.  Nunca había probado nada igual.

Ella, con una sonrisa que nació primero en sus ojos, me respondió:

– Te equivocas, sí que has probado algo igual…  De hecho, lo has probado hoy mismo…  Porque es exactamente el mismo plato que has comido al mediodía.  El que no eres el mismo eres tú.

Estoy casado con un oráculo, con una mujer que es capaz de despertarme cada vez que paso por la vida dormido.  Soy afortunado.

Mi esposa, ayer, me dio una lección que todos deberíamos aprender y nadie debería olvidar: las prisas matan la vida, sólo bajando el ritmo seremos capaces de contemplar el paisaje, lo que nos rodea, y deleitarnos con su belleza.

Disfrutad del fin de semana, pero sin prisas…  Deleitémonos en el instante…  En él se oculta la eternidad.

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Esta entrada fue publicada en 5 de junio de 2015 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , .
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