Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Curar las heridas requiere su tiempo


Manosentrelazadas

La semana pasada coincidí con un amigo que está de luto por la pérdida de su esposa.  Ya he escrito sobre ellos en alguna ocasión. Eran un matrimonio de esos que -lamentablemente- no se encuentran: siempre felices, llenos de proyectos, amantes de la conversación y la caricia, cómplices en todo que se mostraban -el uno al otro- sin máscaras…  Un regalo del Cielo, un alma en dos cuerpos que -con su “sí, quiero”- se había reunido de nuevo…  Hasta que la portadora de la guadaña segó su felicidad a través de la enfermedad, llevándosela a ella a un reino en el que ya no hay sufrimiento…  A cambio de hundirle a él en la ausencia, la nostalgia y el dolor…  En el anhelo del reencuentro.

Es muy duro -me decía-, durísimo.  No te lo puedes imaginar.  Y tenía razón.  Hay experiencias que no pueden imaginarse ni describirse, sólo vivirse.  Y me temo que ésta es una de ellas.  Él todavía llora, cada día.  Lo entiendo.  Cuánto más has tenido, más duele la pérdida.  Y él ha tenido mucho…  Y lo sigue teniendo: el tesoro del recuerdo de una feliz vida en común, y su materialización en unos hijos maravillosos que se preocupan por él y le adoran.

Pero nada puede suplirla a ella, y al triste hecho de que hoy ya no está.  Eso duele, y el duelo tiene sus tiempos.  Como toda herida importante, no se cura de hoy para mañana.  Necesita cuidados y días, meses…  Puede que incluso años.  Y siempre quedará a cicatriz, la marca en la piel y en el alma que nos recordará lo inolvidable.  Así es y así debe ser.

Pero dejará de sangrar, y el corazón se irá curtiendo, acostumbrándose a la ausencia y aprendiendo a convivir con el recuerdo, que dejará de ser fuente de tormento por lo perdido para convertirse en gratitud por lo vivido, construido y compartido.

Como decía otro buen amigo mío, al hablarme sobre la muerte de su esposa: No desaparece el dolor, porque la pérdida duele, la presencia de la ausencia es total, pero se disuelve el sufrimiento porque eres consciente –en mi caso, como creyente- de que la vida, como la energía, no desaparece…  Sólo se transforma.  Hay que darse cuenta de que la línea divisoria entre lo que llamamos morir y lo que designamos como el vivir es simplemente la descomposición de una materia orgánica denominada cuerpo. Carece de sentido creer que ahí se acaba todo. Por eso el fallecido vive en nosotros si respecto a él nos comportamos con la naturalidad que reclama este convencimiento.

Por ello tanto en público como en soledad hago presente la vida de mi esposa conmigo, entre otras razones porque yo como persona, como trayectoria, no soy comprensible sin esos años de vida juntos. Y la traigo no sólo con naturalidad sino con cariño, con afecto, con amor, sin nostalgia, ni penas, ni falsas plañideras. Confieso que aún hoy en ciertos momentos nacen lágrimas, pero no son de pena sino del recuerdo de la alegría, de la suerte de haber compartido tantos años juntos. Son lágrimas, si se quiere, de agradecimiento a Dios por haberme proporcionado estos años de vida.

El que se queda tiene la obligación de vivir, de no morir con sus muertos, como se suele decir. La vida es un don que hay que saber respetar y agradecer. Los seres queridos viven en nuestros corazones. Y no es una frase más o menos bonita, sino una realidad constatable para quienes la experimentamos a diario. Pero -lo repito- en lugar de entristecerte por el recuerdo, debes agradecer el  haber podido compartir la vida con el ser querido.

No seré yo quien le enmiende la plana a quien lo vive a diario.  Cuando no hay nada más que decir, lo mejor es callar.  Y eso voy a hacer.  No sin antes recordarte, amigo, que aquí sigo…  Y ella también.  Siempre.

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4 comentarios el “Curar las heridas requiere su tiempo

  1. FlorProfusa
    17 de junio de 2015

    Creo que es de los dolores mas grandes y difíciles de asimilar, la perdida de un ser querido, quedan ahí los recuerdos, las cosas que le pertenecían hablándonos cada dia…no tengo mas palabras aquí lo explicas muy bien. Gracias.

  2. Arnaldo Santiago
    17 de junio de 2015

    Esta muy bonito! Gracias por compartirlo!

  3. Viajero Frecuente
    15 de agosto de 2015

    Ese dolor no se puede comparar con nada mas, es muy profundo y como dices requiere su tiempo!

  4. Juan Tupiño Tiffert.
    2 de septiembre de 2015

    Es muy cierto que la persona fallece cuando se le olvida, pero los que dejan huella en el corazón nunca se dejara de recordarlos, una muestra mi padre hace 29 años que se fue al Padre Celestial y parece que fue ayer.
    Gracias lo explicas muy bien, mi hermana hace poco perdió a su esposo. Gracias.

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Esta entrada fue publicada en 17 de junio de 2015 por en meditaciones y etiquetada con , , , , .
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