Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Abriéndonos a la Presencia… Y a todo lo demás


cuenco manresa

Hablábamos ayer de esa Presencia que nos acompaña, aunque no seamos conscientes de ella.  Podríamos preguntarnos por qué hay quien la descubre y quien, a lo largo de toda su vida, no llega ni tan siquiera a intuirla.  Es un tema importante.

La Presencia, cualquier presencia, no es algo racional…  Es algo que se da o que no se da y que, si se da, se percibe o no se percibe.  Otra cosa es que, una vez percibida la Presencia, uno intente descubrir de quién se trata, cómo es, qué le gusta o qué pretende.  Ahí sí que tiene su papel la razón pero, lo que es la Presencia en sí, no se descubre con la mente sino mediante una experiencia de encuentro.  Y volvemos a la misma pregunta del principio: ¿y por qué unos experimentan ese encuentro y otros no?  Pues por lo mismo que unos descubren la belleza de una puesta de sol sobre el mar cuando van mirando por la ventana de un tren, mientras que el pasajero del asiento de enfrente permanece ajeno a ella, embelesado como está jugando a Candy Crash en su teléfono móvil de última generación.

Es un tema de consciencia, de apertura, de disponibilidad, de educar la mirada y el oído.  Me encanta la imagen que encabeza el post de hoy, la uso como salvapantallas de mi ordenador y de mi teléfono móvil.  Como apunta Javier Melloni en el vídeo que os enlazo al final de este artículo, cada uno de nosotros tiene mucho del cuenco de la imagen.

Nuestra naturaleza nos dota de un espacio interior que está destinado a estar abierto, disponible, para que pueda ser llenado con todo lo que nos llega…  Y compartido con los demás, pues la misma apertura que permite recibir es la que permite a los demás tomar.  El cuenco es llenado, no para contener, sino para compartir.

Pero, por desgracia, demasiado a menudo nos volvemos sobre nosotros mismos, le damos la vuelta al cuenco, e impedimos que ese espacio vacío pueda ser llenado.  Por muchas cosas que nos lleguen, quedarán todas en la superficie, no podrán llegar al hueco que ha quedado en nuestro interior.  Nos sentiremos vacios…  Porque lo estamos.  El autocentramiento nos vuelve incapaces de desarrollar nuestra naturaleza, nos vuelve incapaces de contener y compartir.  No hay regalo ni Presencia que pueda acceder a ese vacío que tenemos dentro mientras no nos decidamos a darnos la vuelta para abrirnos a todo y a todos.  Por eso hay quienes pensamos que la espiritualidad tiene mucho que ver con la apertura, con el descentramiento, con la aceptación.

Todo es mucho más sencillo de lo que parece, todo nos ha sido dado y -por eso mismo- todo debe ser compartido.  Seamos como el cuenco, que recibe y comparte, y no como un búnker que nos aisla en nombre de la seguridad…  Abramos puertas y ventanas y sentiremos esa Presencia que nos hará descubrir un mundo nuevo, y que nos religará con nosotros mismos y con los demás.

Os dejo con las siempre sabias palabras de Javier, buen maestro y amigo.  Son un buen final para el artículo, y un mejor comienzo para una nueva andadura:

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Esta entrada fue publicada en 22 de septiembre de 2015 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , .
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