¿Por qué somos más duros con los demás que con nosotros mismos?


espejo

Aunque no somos perfectos, nos toleramos con facilidad, hasta nos queremos…  Mientras que los errores y actuaciones de los demás a menudo se nos hacen odiosos e injustificables.

¿Te has preguntado alguna vez por qué te sucede esto?

¿Será que cuando te miras a ti mismo eres capaz de percibir tus buenas intenciones, independientemente de cómo terminen las cosas, mientras que al enfrentarte a los demás sólo accedes a la parte más externa de su actuación, a las consecuencias de sus actos?  ¿Cómo romper esa corteza para penetrar en su interioridad?  ¿Cómo ver a los demás como te ves a ti mismo?

Mi propuesta es simple: mírate a ti mismo con sinceridad, sin miedo, sin ocultarte nada.  Contempla tus luces y tus sombras, lo que haces bien y lo que haces mal, tus ilusiones y tus miedos, tus logros y tus más estrepitosos fracasos.  Este autoconocimiento -lo he comprobado en personas muy cercanas- te permitirá intuir en los demás lo que ya has conocido en ti mismo, y esa identificación te hará más comprensivo y suavizará tu juicio respecto al prójimo, tanto como lo suavizas contigo mismo.

Lo he visto: cuanto más se conoce uno a sí mismo, más compasivo es con los defectos ajenos.  Y, por el contrario, aquél que no dedica un instante a descubrir su interioridad, padece una rigidez e intolerancia extremas frente al defecto ajeno.

Y tú, ¿cómo eres? ¿Cómo quieres ser?  Pues actúa…  Contémplate y verás mucho mejor al otro.

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