El cariño y la misericordia como método


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Estoy leyendo, entre otros libros, la entrevista que Andrea Tornielli realizó al Papa Francisco y que se ha publicado bajo el título de “El nombre de Dios es misericordia”.  Este concepto, el de misericordia, el de poner el corazón en la miseria ajena tras descubrir la miseria que se oculta en el corazón de uno mismo, hace tiempo que me interesa, que me inspira, que me mueve.

Tal vez por eso sentí cierta complicidad con el Papa Francisco cuando le otorgó un lugar central en su teología y pastoral, lo cual me pareció una muestra de una profunda fineza y experiencia espiritual.

Hoy quisiera centrarme en la importancia de la misericordia como método de transformación espiritual, como manera de enfrentarse a los errores propios y ajenos con paciencia y esperanza.  En una de sus respuestas, el Papa Francisco lo expresa con una claridad y sencillez que me maravilló:

Hay que ser consciente de esta triste realidad nuestra.  Nadie puede durante mucho tiempo evitar las faltas pequeñas o grandes.  Pero, como decía san Francisco de Sales, “si tienes un burro y yendo por la calle se cae al suelo, ¿qué vas a hacer?  No vas a ir con el bastón a molerle a palos las costillas, pobrecillo, bastante desgraciado es ya.  Tienes que cogerlo por la cabeza y decirle: ‘Venga, volvamos a ponernos en marcha.  Ahora reemprendamos el camino, la próxima vez te fijarás más'”.  Éste es el sistema.

(…)  Cuando confesaba siempre pensaba en mí mismo, en mis pecados, en mi necesidad de misericordia y, en consecuencia, intentaba perdonar mucho.

(…) Es un ejemplo que representa muy bien las tentativas que Dios lleva a cabo para adentrarse en el corazón del hombre, para encontrar esa grieta que permite la acción de su gracia.  Él no quiere que nadie se pierda.  Su misericordia es infinitamente más grande que nuestro pecado, su medicina es infinitamente más poderosa que la enfermedad que debe curar en nosotros.

Sé que algunos de los que me leéis habitualmente no os sentís cómodos con la noción de pecado porque la asociáis al concepto de prohibición y culpa.  No lo hagáis, vinculadlo más bien a la idea de atentado contra nuestra más íntima humanidad, propia o ajena.  Eso es el pecado, aquello que nos daña a nosotros o a nuestros semejantes.  Algo que debiéramos evitar pero que nuestra ignorancia, nuestra fragilidad y nuestros deseos desordenados nos llevan a cometer una y otra vez.  Y es en esa imperfección, en esa muestra de fragilidad, donde podemos encontrar la experiencia de la misericordia, de una comprensión, aceptación y ánimo capaces de hacernos cambiar de vida.  Es en la caída que podemos encontrarnos con Aquél-Aquella o Aquello que nos impulsa a levantarnos, a ir más allá de nosotros mismos, a mostrar nuestro mejor rostro…  Algunos le llamamos Dios aunque, como afirma el título del libro, el nombre de Dios es misericordia.

Ojalá nuestras miserias no nos entierren en un profundo y oscuro abismo sino que sean la semilla de una compasión, cariño y misericordia capaz de transformar el mundo en un lugar mucho mejor…  Lleno de luz, calor y Amor.  Un auténtico Reino de Dios, un Paraíso perdido que todavía se puede recobrar.

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2 comentarios en “El cariño y la misericordia como método

  1. Hola Joaquín. Voy a recomendar este “post” tuyo de hoy a un grupo de personas que durante la primera parte del curso trabajamos y reflexionamos sobre la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco.

    Hasta la próxima.

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