Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

De lo máximo a lo máximo, pasando por lo ínfimo


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Hoy es Jueves Santo, día importante para los cristianos, que hacemos memoria de la Última Cena.

Como bien sabéis quienes me leéis habitualmente, nunca he ocultado que soy católico.  Sin embargo, intento que mis escritos sean lo menos confesionales posible para que puedan decirle algo a cada uno que los lea, independientemente del credo que profese o deje de profesar.

Por este motivo hoy no me extenderé escribiendo sobre la institución de la eucaristía sino sobre el lavatorio de pies y lo que debería decirnos a cada uno de nosotros.

Para los cristianos, Jesús es lo más grande: el mismo Dios hecho hombre.  Sin embargo, esa grandeza no tiene una correspondencia material sino que -ya desde su nacimiento en un establo- quiere enmarcarse en un escenario de pobreza, sencillez, pequeñez, discreción, humildad y sufrimientos. 

El que venía de Dios y a Dios volvía (Jn 13,3) no venía rodeado de más gloria que la de su corazón puro y bondadoso.  No quiso que lo buscáramos en las alturas sino entre nosotros, entre los más pequeños, débiles, indefensos y necesitados.  Dios se hizo paria, el Maestro se hizo servidor.  El primero decidió ocupar el último de los lugares.

Tanto es así que, tal día como hoy, estando reunido con sus discípulos y amigos, quiso asumir la función del más bajo de los servidores para limpiarles a todos ellos los pies.  Era algo chocante, incluso incómodo para ellos.  Pero quería que ese shock les hiciera pensar, nos hiciera pensar: en nuestro caminar, nuestros pies se llenarán del polvo del camino, es inevitable.  Sin embargo, hay quien está dispuesto a limpiarnos para que podamos seguir por nuestra senda.  No somos nosotros quienes nos limpiamos, sólo podemos ponernos a disposición de quien nos limpia.  Dejarle hacer.

Jesús se pone en una situación, en un papel, en el que ninguno de sus discípulos le hubiera imaginado jamás.  Nos sorprende y nos anima a imitarle.  Quiere que seamos sus manos en este mundo, que sus cuidados lleguen a los demás a través de nuestros actos.

Para ser el primero hay que ser el último, sólo se llega a lo máximo pasando por lo mínimo. ¿Estamos dispuestos a hacernos insignificantes para morir a nosotros mismos y renacer al modo pascual? ¿Estamos dispuestos a convertirnos en pan partido y compartido para alimento de los que más lo necesitan? ¿Somos conscientes de lo mucho que hemos recibido y tenemos para ofrecer?

Cristo nos recuerda que somos para darnos, para entregarnos, para ofrecernos.  Y así, con un lavatorio de pies, nos introduce al mismo tiempo en el misterio de la eucaristía, de esa entrega que nos transforma en el entregado y nos hace participar de su Vida y dinamismo.  La transubstanciación no sólo debe producirse en el pan y el vino, debe darse también en nuestra alma…  Y la entrega y el servicio lo facilitan.

Me pongo a sus pies.

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Esta entrada fue publicada en 24 de marzo de 2016 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , .
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