Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Feliz Pascua, florece.


pascua

Hoy voy a hacer algo que no suelo, aunque me temo que de ahora en adelante lo haré de vez en cuando: voy a recuperar un artículo del pasado porque, al releerlo, me he dado cuenta de que me sigo identificando plenamente con cuanto escribí, y que poco más puedo decir.  Un añadido por aquí, y otro por allí.  Algún matiz que había pasado por alto, alguna palabra que se puede perfilar.  Un mismo mensaje, en un texto muy similar.

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Lunes de Pascua, lunes de fiesta grande.

Hoy estamos de celebración, tras el luto.  La muerte en la cruz, el sepulcro vacío…  La sensación de fracaso de un proyecto mesiánico incomprendido, el temor ante la pérdida, la sensación de inseguridad, la noche oscura del alma repleta de Silencio.  Un Silencio pesado, pastoso, que nos golpea por dentro, que suena como un grito sin sonido que nos parte el alma.  La oscuridad del sepulcro en el que, como en un útero, morimos a lo viejo para nacer a lo nuevo, para nacer de nuevo como Cristo recomendó a ese Nicodemo que -cargado con su prudencia y sus miedos- le visitó protegido por la oscuridad de la noche.

La resurrección sólo es posible desde el abandono: uno debe abrir sus manos para soltar cuanto era y llevaba y, sólo así, puede tomar en ellas cuanto está por llegar.  Cristo entrega su espíritu en las manos del Padre, en medio de una sensación -terriblemente humana- de soledad…  No pienses que se privó de experimentar las peores mociones interiores que pueden acosarte a ti en tus momentos más bajos.  Todo lo vivió, todo lo sufrió, todo lo cargó sobre sus hombros…  Se acercó a los últimos y se hizo uno de ellos, el menor y más desvalido de ellos.  Y todo lo convirtió en instrumento de resurrección.  Todos los ingredientes de la vida, los dulces y los amargos, amasados con amor y visión sobrenatural son capaces de dar lugar a la Pascua, a la resurrección, a esa alquimia interior que trae nueva y radiante vida a donde sólo parecía haber muerte y oscuridad.

La Pascua es, como su propio nombre indica, el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, de la aridez al florecimiento de lo mejor de nosotros mismos.  En Pascua, nuestra naturaleza divina se manifiesta, llenando todo nuestro vacío.  El sepulcro se transforma en cuna, la pérdida en nacimiento, el réquiem en nana, la tristeza en dicha.  Basta con tener los ojos y el corazón bien abiertos para reconocer y acoger lo que está por venir, porque nos encontraremos con el mismo Cristo pero bajo un nuevo rostro.  Como recuerda Willigis Jäger, “tenemos que despedirnos incluso de nuestras ideas religiosas y de nuestras representaciones de Dios, si queremos ir al encuentro del Dios verdadero”.  Debemos estar atentos para reconocerle.  Porque quien siga apegado a su antigua imagen le perderá, como creyeron los apóstoles y las mujeres que habían perdido su cuerpo al encontrar el sepulcro vacío.

No olvides que también la Pascua habla de ti y de mí, del rito de paso que supone toda pérdida, toda muerte, toda decepción.  En Cristo -en su vida, muerte y resurrección- se nos muestran los grandes rasgos de la senda del héroe, del camino que debemos recorrer si queremos dar a luz a nuestro Cristo Interior, de la senda que debemos seguir si queremos que la chispa divina que alojamos en nuestro interior incendie nuestra vida y nuestro mundo.

Me gusta como lo expresa José Antonio Pagola, relacionando la Pascua con nuestra fragilidad:

Pascua es la fiesta de los que se sienten solos y perdidos.  La fiesta de los que se avergüenzan de su mezquindad y su pecado.  La fiesta de los que se sienten muertos por dentro.  La fiesta de los que gimen agobiados por el peso de la vida y la mediocridad de su corazón.  La fiesta de todos los que nos sabemos mortales, pero hemos descubierto en Cristo resucitado la esperanza de una vida eterna.  

Felices los que dejan penetrar en su corazón las palabras de Cristo: <<Tened paz en mí.  En el mundo tendréis tribulación, pero, ánimo, yo he vencido al mundo>> (Juan 16,33)

Feliz Pascua, feliz renacimiento.  Hoy, vuestro mejor rostro, comienza a florecer…  No detengáis la primavera.

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3 comentarios el “Feliz Pascua, florece.

  1. FlorProfusa
    28 de marzo de 2016

    Bellisimo, en contenido, en expresión, en verdad…no podría añadir algo porque lo arruinaría, es perfecto.

  2. crystalcruzm
    28 de marzo de 2016

    Felicidades!! Me parece mas que acertivo tu comentario y opinion… No comparto tu perfil profesional pero desde el mio como Maestra de Musica y actual estudiante de Psicologia considero que haz dado al blanco!! En hora buena.

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