Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

De buenas y malas espiritualidades


mala vía espiritual

Muchos de nosotros buscamos a Dios, al Absoluto, la Iluminación, el Satori, la Realidad o el Despertar…  Y lo hacemos por caminos distintos, únicos, personales.  Unos adoptan vías ya probadas -religiones o espiritualidades tradicionales-, otros no se sienten identificados con ellas y van buscando su propio sendero, con sus riesgos y emociones, con sus aciertos y desorientaciones.  Otros adoptamos vías intermedias…

A veces, uno se pregunta si el camino que ha tomado realmente conduce a Dios…  O no.  Buscamos señales, referencias, criterios de discernimiento…  Y corremos el riesgo de generalizar nuestras experiencias.

En mi hogar lo tenemos claro: mi esposa y yo compartimos nuestro anhelo de Absoluto, hacemos juntos gran parte del viaje…  Pero nuestra espiritualidad -como nuestras formas de ser, de razonar y de sentir- también diverge muchísimo en algunos aspectos.

Tiempo atrás yo fui por el mismo camino que ella…  Y no me sirvió: ni me acercaba a Dios, ni me perfeccionaba como ser humano ni me unía más íntimamente a mi prójimo.  Era un auténtico descalabro espiritual.

Entonces tuve la suerte de conocer a un jesuita que es un auténtico maestro espiritual, un acompañante que me ha ayudado muchísimo.  Una de las primeras preguntas que me pidió que me planteara fue: esta forma de espiritualidad que intentas seguir, ¿te hace sentir más feliz y más digno, te ayuda a crecer, o más bien hace que te sientas aprisionado y miserable?  ¿Crees que Dios quiere que te sientas así?  Tú eres padre, ¿te gustaría que alguno de tus hijos se sintiera así por tu culpa o más bien intentas que ellos sean felices, perciban su infinita dignidad, descubran su capacidad y ejerciten su libertad? Y, ¿acaso crees que eres tú mejor padre que todo un Dios?

Buen criterio de discernimiento.  Ese camino espiritual no era un buen sendero…  No era un buen sendero para mí.  Porque la experiencia de los años me ha enseñado que es un camino fantástico para otros, a los que sí que conduce a la religación con Dios, con ellos mismos y con los demás.  Mi mujer transita por él, con criterio, libertad y alegría, y cada día muestra un mejor rostro, cada día es alguien mejor que en la jornada anterior.

Cada persona es como es, tiene unas capacidades y necesidades emocionales, intelectuales y sociales distintas.  Somos únicos y, por eso mismo, partimos de muy distintos lugares para encaminarnos hacia Dios.  Distintos puntos de partida suponen distintos viajes para llegar a un mismo destino.  Respetemos esa diversidad, cultivémosla, pero estemos atentos a estar siempre en camino, a acercarnos cada día más a lo alto de la cumbre, a no perder el sendero…  Ni el sentimiento de alegría y dignidad que deben acompañarnos siempre, durante nuestro viaje.  Si estos desaparecen, habremos errado el camino, no estaremos ya en una buena vía espiritual.

Adelante, siempre adelante…  Con alegría, esperanza y dignidad.  Ése es el camino que exige la Sabiduría.

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