Lenguas asesinas


lengua asesina venenosa

No vamos a tratar hoy sobre conflictos lingüísticos sino sobre la poderosa arma que es la lengua, la palabra, y el riesgo que supone dejar que fluya sin control, disparando sus dardos según su propio capricho.

El hablar es nuestro medio más habitual de expresión, con el que nos comunicamos con los demás, intercambiamos información y transmitimos experiencias.  Para vivir en un mundo comprensible y asumible, damos por cierto lo que se nos dice, lo que leemos o lo que vemos…  Al menos, hasta que se demuestre lo contrario…  Y, a veces, hasta un poquito más.  Existe una presunción de veracidad que convierte cada palabra que decimos en una grave responsabilidad…  Que no siempre asumimos como tal.

En demasiadas ocasiones, hablamos sobre los demás con ligereza, sin pensar demasiado, dejándonos llevar por nuestros prejuicios, celos y envidias, por nuestras primeras impresiones, por lo que hemos oído pero no hemos contrastado.  Difamamos y calumniamos con inconsciente facilidad, sin darnos cuenta que cada una de esas palabras supone un hachazo contra el honor de la persona a la que nos referimos y que, hachazo tras hachazo, su tronco se quebrará y la persona -o al menos la imagen que el resto tiene sobre esa persona- caerá y ya no podrá levantarse.

Puede que reconstruya su imagen brotando de nuevo, pero es un proceso duro y lento que no siempre se da.  Demasiadas veces el resultado del ataque verbal es la aniquilación social.  Por ese motivo decíamos que las lenguas matan, porque lo hacen.  Pero la lengua es sólo el arma, no es responsable de lo que sucede.  Cada uno de nosotros somos, en última instancia, quienes -consciente o inconscientemente- causamos graves daños con nuestras palabras.  Nosotros somos los responsables, los culpables y -por eso mismo- en nosotros también está la solución.

Hasta hoy podíamos ampararnos en nuestra inconsciencia, en la ignorancia de la arrolladora fuerza de una mala palabra.  Pero desde este instante la cuestión ya está encima de la mesa, a la vista, y confío en que cada vez que calumniemos o difamemos a alguien, sintamos una punzada de dolor y culpa en el corazón que nos empuje a reparar el daño causado, buscando algo bueno que decir de esa misma persona para tratar de reconstruir su imagen y honor.

No más cadáveres en la cuneta, no más víctimas de las lenguas asesinas.

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2 comentarios en “Lenguas asesinas

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