Alegre, no alienado


alegria madre teresa

Hace unos días, estando con un conocido que está pasando por un mal momento, éste me dijo algo que ya he escuchado en otras ocasiones, pero que no por eso deja de parecerme una barbaridad.  Estábamos charlando mientras su hijo jugaba con un vaso de plástico, en el suelo, ajeno a nosotros y nuestros problemas cuando, mirándole, me dijo:

-Qué envidia.  Mírale, tan inocente, tan tranquilo, tan contento…  Lo que daría por ser como él, ignorante pero alegre como unas castañuelas.

Mi respuesta fue automática, espontánea, no meditada:

-Pues yo no.

Sonó hasta algo brusca, y eso mismo nos hizo reír.  Pero no era una broma.  No cambio el sufrimiento por la sonrisa del idiota.  Me considero una persona alegre y feliz pese a que mi vida, como la de todos, está llena de problemas y dificultades con las que nos toca lidiar.  Pero eso es la vida, crecernos ante los desafíos, ir haciéndonos con cada nuevo reto.

El problema está en que a menudo confundimos la alegría como estado vital con la emoción, efímera y volátil, que acompaña al bienestar.  

Uno puede y debe estar alegre en medio de las pérdidas, de los fracasos, de los errores y de las traiciones.  Uno puede estar alegre en la vida real, en la risa y en el llanto.  Sí, en el llanto. Porque siempre sigue habiendo mucho que agradecer y porque la alegría tiene mucho más que ver con encontrar sentido a todo lo que sucede, con percibir que existe un orden -lo entendamos ahora o no- que rige los acontecimientos, con tener un horizonte claro hacia el que seguir avanzando después de cada caída, incluso cuando parece que el suelo se desvanece bajo nuestros pies. La alegría no está asociada a la sonrisa, sino a la esperanza. 

Merece la pena recordar, a este respecto, a Viktor Frankl y su hombre en busca de sentido.  Porque incluso en el peor de los escenarios es posible encontrar la felicidad, la alegría y la grandeza…  Siempre que no pierdas la esperanza de alcanzar un objetivo, de realizar un proyecto que te acerque, siquiera un paso más, a tu destino.

La necedad y la alienación pueden evitarte parte del sufrimiento, es cierto…  Pero porque te roban parte de tu humanidad.  El ser humano es un ser sufriente porque es un ser sintiente y ese sufrimiento tiene la función de ponernos en marcha para superar sus causas, no el abatirnos y entristecernos ante el malestar que produce.  Mira a la Madre Teresa de Calcuta, que encontró la alegría, la felicidad y a Dios en medio de los mayores sufrimientos, propios y ajenos.

La historia nos demuestra que en la caja de Pandora siempre queda la esperanza y que, mientras ésta permanezca, hay futuro y posible solución.  Así que no te dejes abatir por los problemas, enfréntate a ellos con la alegría de saber que saldrás robustecido de esta lucha y que, además, tú puedes ser una pieza esencial de la victoria.

¿Que la vida es lucha?  Puede ser.  Pero permanece alegre en medio de la batalla, porque ésta tiene sentido…  Y tú tienes esperanza.

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2 comentarios en “Alegre, no alienado

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