Eres buena, no gilipollas


lagrimas_llanto

Ante todo, perdona la brusquedad del título…  Pero hay cosas que sólo pueden transmitirse con cierta rudeza, y ésta es una de ellas.

La semana pasada mantuve una de esas conversaciones que te hacen sufrir porque -durante un rato- te enemistan con la naturaleza humana.

Estaba con una persona a la que admiro y quiero porque tiene un interior hermoso.  Es, muy probablemente, la persona con mejor fondo que conozco.  Dispone una sensibilidad exquisita para percibir las necesidades y sufrimientos del prójimo, y ha ejercitado una bondad natural que la lleva a poner siempre su grano de arena para hacer más agradable la vida de quienes la rodean.  Es una fuente de luz y calor en medio de la oscuridad que demasiado a menudo nos rodea.  Es un ángel, una caricia de Dios para quienes se cruzan con ella.  Pero los ángeles también lloran, porque los ángeles también sufren.

¿Puedes imaginarte cómo se siente uno cuando alguien así te mira con lágrimas en los ojos y te dice: yo no soy buena, yo soy gilipollas?  ¿Qué tipo de decepción ha tenido que sufrir un alma como la suya para expresar semejante afirmación?  ¿Con qué tipo de traición ha tenido que lidiar para poner en duda lo que siempre ha sido el motor de su existencia?

En demasiadas ocasiones actuamos sin pensar, moviéndonos por el mero interés, sin darnos cuenta de que nuestras decisiones no sólo afectan sino que marcan y transforman a quienes nos rodean.  ¿A cuántos ángeles habremos transformado en demonios con nuestras traiciones?  Somos responsables del mundo en el que vivimos, con sus luces y sus sombras.

Sin embargo, le recordaba a mi buena amiga, también quienes son como ella ayudan a transformar el mundo.  Porque con cada uno de sus actos de generosidad, con cada una de sus decisiones basadas en el amor y la excelencia ética, con cada uno de sus perdones y comprensiones, con cada lágrima que enjuagan y con cada miseria que reparan, nos muestran a sus seres más queridos y cercanos cuál es el camino que conduce a un mundo mejor, al Paraíso en la tierra, a la recuperación de nuestra humanidad perdida.  Las almas grandes y puras son esperanza para el mundo y oxígeno para sus entornos.

Tú, querida, no eres gilipollas.  Eres buena.  Los gilipollas somos quienes, en nuestra estupidez, somos capaces de traicionar tu confianza.

Sigue siendo como eres porque, con tu ejemplo, nos animas a encender nuestra propia antorcha para tratar de inundar el mundo de luz, calor, comprensión y amor.

Por cierto, esa buena amiga, ese ángel sufriente, esa alma dulce y cándida, tiene nombre…  Y es mi esposa.

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