Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Orar con o sin palabras: la oración de las siete ramas


oración encuentro asis

Hace unos meses que me dedico al estudio y práctica del budismo Vajrayana.  Tengo un buen maestro con el que sintonizo profundamente, aunque todavía no dispongo con él de la confianza que he tenido con otros.  Sabe que soy católico, y no le supone un problema enriquecer mi espiritualidad con las enseñanzas del Dharma.  Tampoco a mí me supone un conflicto, pues nos centramos en el fondo y no tanto en la forma de las prácticas.  Todo es símbolo tendente a la experiencia, ésta es el objetivo…  Y ésta es común a las distintas tradiciones.

La semana pasada hubo una enseñanza -o, mejor, un modo de enseñanza- que me sorprendió muchísimo.  Tsondru Yeshe quería introducirnos en la oración de las siete ramas, un clásico del budismo tibetano.  Cuál fue mi anonadamiento al comprobar que no comenzó por su recitación sino por la explicación de la sucesión de mociones interiores que debería generar la oración, por su sentido profundo, por su función última.

He tenido una enseñanza católica tradicional, de pequeño aprendí las distintas oraciones de memoria y -solamente con el paso de los años- profundicé meditativamente en cada una de sus frases para redescubrir la oración como una experiencia interior.

Aquí el orden se invierte: primero la experiencia, después su conversión en palabras…  Que no serán más que imperfecta expresión de lo ya vivido, por lo que nunca tendrán más importancia que la de ser soporte de una experiencia interior.  Delicioso y práctico, en esta caso el orden de los factores no altera el producto.  Tan válido resulta un sistema como el otro, más bien se complementan y deberán ser utilizados en función de las necesidades de cada uno.

Trataré de ejemplificarlo, de forma sintética, con la oración de las siete ramas y con un ofrecimiento de obras católico.

LA ORACIÓN DE LAS SIETE RAMAS

Siete son las ramas, siete son las mociones interiores que acompañan a esta oración práctica:

  1. Las postraciones: se trata de inclinarse ante la budeidad, de poner cuerpo, palabra y mente al servicio de la Iluminación, de rendirse ante el Buda, el Dharma y la Sangha.  Invitar al ego para que se abra al Absoluto.
  2. La ofrenda: ofrecemos todos nuestros dones y capacidades al servicio de la Iluminación y del bien de todos los seres.
  3. La toma de conciencia de nuestras debilidades, y promover el propósito de superarlas: muchos son nuestros dones, pero también nuestros defectos.  Debemos tomar conciencia de ellos, de nuestros velos, de nuestra ignorancia y proponernos superarlos porque dificultan nuestra iluminación y la posibilidad de dar a luz un mundo mejor.  Se trata de un acto de conciencia, no de culpabilización.
  4. El regocijo por todo el bien, propio y ajeno: debemos estar felices y agradecidos por toda la luz que hay a nuestro alrededor, tanto la que se manifiesta a través de nosotros como la que lo hace a través de los demás.
  5. Abrirse a las enseñanzas: queda tanto por aprender… Tradicionalmente, a este rama se la denomina “que siga girando la rueda del Dharma”.  A nosotros puede sobarnos extraño, pero hace referencia a que se nos sigan ofreciendo enseñanzas, y que nosotros estemos dispuestos -interior y exteriormente- para recibirlas.
  6. Rogar a los maestros que se impliquen en nuestra enseñanza y que no se vayan: todo discípulo necesita un maestro que le comunique el Dharma, que le ponga en contacto con su propia budeidad.  Es una labor tan importante que exige que algunas mentes iluminadas permanezcan inmersas en un mundo de sombras para despertar la conciencia de aquellos que les rodean.  Eso es lo que pedimos, boddhisattvas.
  7. La dedicación del mérito: hay quien piensa que la práctica budista es egoísta y que aísla del resto del mundo.  Esta séptima rama desmiente este prejuicio pues consiste en tomar conciencia de que todos los frutos de esta oración no debe apropiárselos en practicante sino que debe derramarse sobre todos los seres, como instrumento de su propia iluminación y superación de la ignorancia y el sufrimiento.

Y, aclarado esto, ahí va una posible versión del texto de la oración de las siete ramas:

Respetuosamente me postro con cuerpo, palabra y mente,
me ofrezco y os presento ofrendas materiales e imaginadas,
tomo consciencia y renuncio a mis malas acciones del pasado,
y me regocijo en las virtudes de los Seres Superiores y ordinarios.
Por favor, maestros, permaneced junto a nosotros hasta el fin del samsara,
y girad la Rueda del Dharma a los seres migratorios.
Dedico todas las virtudes y beneficios para la gran iluminación de todos los seres.

OFRECIMIENTO DE OBRAS CATÓLICO: OH, SEÑORA MÍA

Aquí seguiremos la metodología inversa, comenzaremos por el texto de la oración para -posteriormente- indicar las mociones que la acompañan:

¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía!
Yo me ofrezco enteramente a Vos;
y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro,
oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.

Amén.

  1. Postración: nos sometemos al señorío de María
  2. Sentimiento de filiación: si la llamamos Madre, es que debemos ser considerados hijos y -como tales- somos amados.
  3. Ofrecimiento: por cariño (de hijos) nos ponemos a disposición de la Madre, ofreciéndole lo que somos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que sentimos.  Debemos, por tanto, cuidar nuestros actos pues, ¿acaso puede uno regalar basura a quien ama?
  4. Experiencia de don y gratuidad: todo nos ha sido dado sin pedir nada a cambio, gratis lo hemos recibido, gratis debemos ponerlo a disposición de los demás.
  5. Experiencia de bondad materna: es bueno experimentar que somos queridos y que de este amor surge bondad.  Si somos hijos de la madre de Bondad, no podemos ser otra cosa que Bondad, lo sepamos o no.
  6. Toma de refugio: pedimos amparo bajo el manto de la virgen, nos acogemos a su protección.
  7. Acto de confianza: Amén significa así sea.  Una manifestación de nuestro deseo y esperanza.

 

CONCLUSIÓN

No importa la tradición espiritual que se siga, ni el modo en que uno aprenda las oraciones.  Lo que sí resulta esencial es que el texto soporte de la oración no se disocie de la experiencia que debe acompañarlo.  Dos polos de una misma realidad, que no es otra que la transformación espiritual.  Experiencias condensadas en palabras, términos que no son más -ni menos- que dedos que apuntan a la luna.

Un regalo…  De los Dioses  😉

 

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