El simbolismo metafísico del arpa


angel con arpa

Cuanto nos rodea, si estamos atentos, nos susurra secretos sobre el Misterio.  Atender al simbolismo es abrir los oídos a lo invisible.  Hoy lo haremos a través de un angélico instrumento musical: el arpa.

El arpa es es un instrumento musical armónico de cuerdas pulsadas compuesto por un marco resonante y una serie variable de cuerdas tensadas entre la sección inferior y la superior.  Estos cuatro elementos (lo superior, lo inferior, la cuerda tensada y el sonido musical que se deriva de su pulsación) son los que constituyen el simbolismo del instrumento, poniéndonos en contacto con la estructura última del cosmos, de lo Divino y de lo humano.

El arpa, independientemente de la forma que se le dé, con su marco superior e inferior, es una representación de la relación entre el Cielo (marco superior) y la tierra (marco inferior), que se encuentran vinculados o atados por unas cuerdas en tensión…  Que nos representan a cada uno de nosotros.

Vivimos entre lo espiritual y lo material, entre lo divino y lo animal, entre el alma y el cuerpo, entre lo alto y lo bajo.  Nuestra naturaleza es mixta, aúna lo uno y lo otro, y sólo encontraremos la armonía, sólo sonaremos bien, cuando sepamos regular adecuadamente nuestra tensión entre los dos polos de nuestro ser que nos mantienen en constante dinamismo, en constante movimiento y vibración, dando lugar a la música de nuestra existencia.

Si no hay relación entre el marco superior y el inferior, simplemente no sonamos…  Perdemos nuestra capacidad musical, nuestra armonía, nuestra vocación de romper el silencio con un sonido que merezca la pena y que, en relación con el de quienes nos rodean, sea capaz de componer una hermosa melodía digna de ser disfrutada.

No es pues extraño que a menudo se pongan arpas en las manos de los ángeles, mensajeros de los Dioses a los hombres, portadores de mensajes divinos, comunicadores de armonías secretas, de músicas inaudibles, de comuniones y vínculos que escapan a toda palabra, más allá del lenguaje musical o de los pájaros.

Atendamos a nuestra naturaleza hilemórfica, atendiendo a lo más alto y más bajo de nosotros mismos.  Vivamos con altura de espíritu, pero con los pies bien arraigados en el suelo.  Totalmente humanos y divinos a un tiempo.  Sólo así, siguiendo la enseñanza del arpa, seremos capaces de dar a luz nuestra mejor melodía, una melodía angelical que hará de nosotros mensajeros y comunicadores de algo que está mucho más allá de nosotros mismos.

Permítete sonar y llenar el mundo con tu música.

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