Amores maduros


matrimonio

Este fin de semana hemos ido de boda.  Un buen amigo y colaborador se nos ha casado.  Ya no es un niño, ella tampoco.  Ambos tienen sus arrugas y cicatrices en el cuerpo, en el corazón y en el alma.  Y, pese a eso, han decidido casarse.

En una época en la que parece que el matrimonio ya no se lleva, ellos han querido formalizar su relación, revestirla de un mayor compromiso.  Eso les honra, dice mucho de ellos y demuestra que todavía hay esperanza para ese amor que pretende ser de uno con una, y sólo de uno con una, para siempre.

Porque, cuando acudes a la ceremonia matrimonial de una pareja joven y les ves tan nerviosos y emocionados, no puedes evitar pensar -desde tus 14 años de matrimonio y más de 20 de relación- que no saben donde se meten.  Y la mayoría de las veces es verdad: hablan de grandes promesas, de amores eternos, de dicha sin fin… Pero no tienen ni idea. Sin embargo, como todos, lo irán descubriendo por sí mismos.  También a nosotros nos sucedió, y aquí seguimos, cada día más felices y enamorados.

Pero cuando uno se casa ya en la madurez, tras haber vivido y convivido, lo hace con conocimiento de causa de lo mejor y de lo peor, de lo hermoso y de lo horroroso, de lo cómodo y de lo difícil, de lo alegre y de lo desesperante.

El matrimonio, como la vida, es un cuadro con mil colores, con innumerables luces y sombras, una obra de arte que se va plasmando con las decisiones que uno toma día tras día.  Francesc y Lydia lo saben, no son unos niños, cargan sobre sus espaldas una mochila en la que guardan las vivencias de sus años ya superados…  Nadie tiene una vida inmaculada y perfecta.  Pero, pese a todo, el sábado eran como dos adolescentes enamorados hasta las trancas, felices hasta el extremo, pletóricos como nunca, a los que la dicha, la satisfacción, el cariño y el amor les salía por todos los poros de su piel.

Fue un orgullo, una satisfacción y un auténtico lujo poder compartir con ellos esos momentos y la fantástica celebración que siguió al enlace.  Pero todavía me complace más saber que los tengo cerca y que podré ir viendo y comprobando como hacen de su incipiente matrimonio una auténtica catedral del Amor, un hogar abierto a todos aquellos que les quieren, a todos los que les necesitan, a todos los que se pueden ver inspirados  por un amor maduro que, pese a la edad y la experiencia, no renuncia a la jovialidad ni a la inocencia.

Os deseo mucha felicidad, mucha serenidad, mucho amor, mucha cabeza…  Y mucha comprensión…  Que, a veces, también hace falta  😉

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Un comentario en “Amores maduros

  1. Muy bella reflexion que todas las parejas deben leerla. Ser consciente que la relacion de pareja no es facil son dos personalidades distintas que tienen que complementarse y no hacerse semejantes al otro. La relacion de pareja se construye en la libertad autentica no el libertinaje y el respeto mutuo apoyandose el uno en el otro. Lo comparto.

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