Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Guardar los sentidos, y la mente


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Creo que ya he comentado en alguna otra ocasión que estudié en un colegio católico, y que como tal he sido educado desde pequeño.

Siendo fiel al tópico, debo reconocer que una de las cosas que se me enseñó fue a contener los sentidos, algo que muchos consideran una forma de represión pero que yo -a día de hoy, y con todas las vueltas que he dado por la vida- lo considero un importante entrenamiento de libertad.

Me explico, soy capaz de cruzarme por la calle con una mujer que sea un auténtico bombón y verla sin mirarla.  Esto es, la he visto pero soy capaz de contener mi atención, mis pulsiones y mi imaginación siendo yo quien decide si la miro o no.

Os recomiendo, cuando os crucéis con una Afrodita por la calle que os detengáis un momento para mirar -no a la hermosa dama- sino a los hombres con los que se cruce.  Lamentablemente, comprobaréis como una inmensa mayoría de ellos la contemplan de modo inconsciente, con ojos libidinosos.  No pueden evitarlo, lo que vivido demasiadas veces.  De hecho, tuve un amigo con el que era imposible pasear por la calle porque no dejaba de girar la cabeza para “repasar” a toda mujer con la que se cruzaba.  Angustioso, de verdad.

¿A qué viene esta perorata?  A que la misma idea la he encontrado años más tarde en el budismo, cuando se nos anima a evitar todos los automatismos de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu, animándonos a estar plenamente presentes y conscientes en todo momento…  Siendo nosotros quienes tomemos las riendas de nuestro actuar.

Una vez más, en distintos lenguajes y por distintos caminos se nos anima a tender hacia un mismo lugar: adquirir la capacidad de poder centrarnos en lo realmente importante, calmando nuestra mente y nuestras pasiones para que nos permitan descubrir la Realidad que se oculta tras el imparable fluir de apariencias, tensiones y pulsiones que hacen de nuestro día a día un no parar de correr hacia ningún lugar.

Guardar los sentidos no es otra cosa que ser capaz de abrir o cerrar, a nuestra voluntad, las puertas a nuestro interior que son los sentidos.  Y, cerrando las puertas, será más sencillo encontrar la paz y el silencio en el interior.  Un silencio que nos permitirá estar atentos a cuándo hay que abrir las puertas, o las ventanas, o recogerse en el interior hasta que amaine el temporal.

Cuerpo, mente y espíritu…  Seguimos con la misma tríada.

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Esta entrada fue publicada en 5 de octubre de 2016 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , , , .
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