Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Filtrar las palabras


habladuria

Vivimos en un mundo de apariencia, de fuegos artificiales, de máscaras, de palabras huecas y sonrisas falsas.  No es raro que hablemos por no callar, por parecer simpáticos, por mantener viva una conversación en la que no se dice nada…  Al menos, nada bueno.

Me gusta el proverbio árabe que recomienda callar si lo que se va a decir no es más valioso que el silencio.  ¡Cuánto mejor nos iría si lo tomáramos en serio!

Pese a que la lengua está protegida por dos cerrojos (los dientes y los labios), no es raro que la liberemos para que campe a sus anchas, aun diciendo lo que debería callarse o pregonando lo que no es verdad.

Las palabras, para que tengan sentido y función, para que no resulten falsas ni dolorosas, deberían pasar por el filtro de la mente y el corazón.  Siguiendo el consejo de San Agustín, las palabras deberían ir primero a la lima que a la lengua, para que llegaran a ella pulidas por la inteligencia y el amor.

Es importante ser prudente, no sólo porque hay palabras que hieren, sino porque somos esclavos de las palabras y dueños de nuestros silencios…  Y es más fácil que nos pese el haber hablado de más, que el haber callado algo.

Se nos calienta la lengua, todos lo hemos vivido alguna vez, y así le hemos dado la razón a San Gregorio cuando afirmaba que: “comenzaréis por palabras buenas, y de ahí vendréis a una palabra ociosa, y de ahí saltaréis luego a una jocosa, luego a otra enojosa, y poco a poco se va calentando la lengua, y creciendo el deseo de  encarecer las cosas, y hacer que parezcan algo: y cuando menos lo penséis, habréis resbalado en otras mentirosas, y por ventura maliciosas y aún perniciosas.  Comenzaréis por poco y acabaréis por mucho, que así suele acontecer, comenzar burlando y acabar murmurando”.

¡Cuidado con la lengua!  En cuanto abrimos la boca, parece que perdemos presión interior.  No es bueno hablar en exceso ni de lo excelso…  Parece que hasta la valentía, la bondad, la sabiduría y el amor se nos van por la boca.  Cada vez confío menos en los discursos y más en los hechos.  Parece que la fuerza en el hablar debilita el actuar.  Así que cuidado, mucho cuidado, con lo que decimos.

¿Me amas?  No necesito un hermoso discurso sobre lo mucho que me quieres, sino actos que demuestren lo que sientes por mí.

¿Eres sabio?  No me marees con largas disquisiciones sobre lo divino y lo humano, vive y deja que tu modo de vivir me muestre que eres sensato y feliz.

Y me callo, que demasiado he hablado ya…  Aunque haya limado las palabras, pasándolas por la mente y el corazón, no olvides que son sólo palabras…  Y que las palabras, palabras son.

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Esta entrada fue publicada en 10 de octubre de 2016 por en meditaciones y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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