El peligro de la superficialidad espiritual


nuez

Vivimos un tiempo especialmente interesante, en el que conocimientos lejanos y ocultos, antiguamente reservados a una minoritaria élite de hombres selectos, se encuentran a nuestro alcance en dos clics, en forma de libro, o en la persona de un maestro de tierras lejanas que se ha mudado a nuestro barrio.

Parece que no somos conscientes de la responsabilidad que supone esta oportunidad.  Porque, hoy sí, disponemos de mil opciones para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con lo invisible.  Opciones populares y esotéricas, intelectuales y pietistas, gnósticas y dogmáticas.

Sin embargo, la propia pluralidad se está convirtiendo -en muchos casos- en una importante dificultad.  En lugar de buscar los medios más adecuados para conducirnos a la cumbre de espiritualidad, sentido e iluminación a la que queremos llegar, hay quienes se quedan anclados en esa pluralidad de medios convirtiéndolos en fines o anestesiándose con lo que cada práctica tiene de curioso o placentero.  Se quedan en la superficie, lamiendo y relamiendo las cáscaras, sin hacer el esfuerzo necesario para penetrarlas y acceder al fruto.

Es más, a menudo esa falta de profundidad les lleva a hacer asociaciones, identificaciones o relaciones entre creencias, visiones o prácticas que lo único que demuestran es una absoluta falta de comprensión de todas y cada una de ellas.  Expertos en nada se autodenominan gurus de nuevas espiritualidades que, desconocedores del potencial que encierran las prácticas que proponen, de sus efectos psíquicos, energéticos y sutiles, se convierten en bombas humanas capaces de causar auténticas catástrofes vitales.

Esto no es un supermercado, es un cruce de caminos.  Y cada uno debe tomar el suyo con criterio y responsabilidad.  Si empezamos a probar todos y cada uno de los senderos, volviendo atrás sobre nuestros pasos para probar otro, así una y otra vez, podemos estar seguros de que nunca llegaremos al destino porque, pase el tiempo que pase, siempre estaremos al principio de alguno de los infinitos caminos.

Hoy disponemos de muchas más rutas hacia el Absoluto que en el pasado, y es cierto que unas se cruzan con otras en algunos momentos y lugares, permitiendo encuentros y fecundaciones que nos enriquecen a todos…  Pero los trayectos no son los mismos y debemos optar por uno, por el nuestro, por el que más se adecue a esa íntima naturaleza que sólo nosotros mismos podemos conocer en profundidad.

Todos los caminos son buenos, pero no para nosotros.  Debemos buscar y encontrar el nuestro, atendiendo a nuestra vocación en un fiel ejercicio de discernimiento.

El viaje empieza hoy…  Y no terminará jamás.  Porque somos caminantes que persiguen un Absoluto al que, por definición, no abarcaremos jamás.  Siempre en camino, ése es nuestro destino.  Disfruta de la travesía.

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Un comentario en “El peligro de la superficialidad espiritual

  1. Muy interesante tu “post” de hoy jueves, 13.

    Me ha recordado esa expresión una percepción implícita muchas veces en nuestra cultura que viene a creer firmemente eso de”todas las religiones son iguales” (por lo tanto algo confuso e inexplicable desde la ciencia y el pensamiento racional al estilo de como aparece la religión por ejemplo en la serie televisiva de “The Simpons”), producto quizás de una pérdida de sensibilidad por el sentido de la trascendencia que luego produce que se ponga a todas las religiones en el mismo saco (y tu sabes bien que no lo digo en el sentido de que haya religiones de primera o de segunda clase).

    Y sin duda otro efecto perverso es el que yo denomino como “mariposeo místico” que produce ese efecto de ir corriendo detrás de la útlima novedad estilo “New Age” o del último guru del que se tenga noticia.

    Cada tiempo histórico produce sus incongruencias, y gracias a Dios ya hace siglos que no hay tantas guerras religiosas en esta vieja Europa (sin olvidar la última guerra de los Balcanes, donde como es costumbre se mezcló el factor religioso con el político), pero padecemos otros efectos perversos fruto de nuestra concreta y particular cultura postmoderna.

    Hasta la próxima.

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