La diferencia entre el filósofo y el sabio


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Los aficionados a la etimología -y, al menos, quienes estudiaron en mi época- saben bien que el término filosofía no significa otra cosa que el que ama la sabiduría.  Sin embargo, no es raro que identifiquemos al filósofo con el sabio.  Lo que deberíamos preguntarnos es si todo filósofo es sabio, y si todo sabio es filósofo.

Decíamos que el filósofo es el que ama la sabiduría.  De acuerdo, pero amar algo no te convierte en lo amado…  Yo amo a mi esposa, pero ni soy ella ni me he vuelto mujer.  Aunque sí que es cierto que la experiencia del Amor te lleva a descubrir la Unidad en la diversidad, haciendo de dos uno…  Sin dejar de ser dos, distintos, únicos.

El Amor es capaz de moverte, de ponerte en camino, de transformarte sin que dejes de ser tú.  Es más, volviéndote cada vez más tú.  El Amor te permite descubrir mundos desconocidos y apasionantes dentro del que siempre había sido tu mundo.  El Amor te permite gustar y degustar -saborear- la existencia cotidiana de un modo nuevo y único.

Por este motivo creo que es este Amor con mayúscula, auténtico y profundo, el que diferencia al filósofo del sabio.  Uno puede ser llamado filósofo por el simple hecho de sentirse atraído por lo que han dicho los sabios del pasado, por dedicar tiempo a la reflexión y a profundizar en el conocimiento de lo divino y lo humano.  Uno puede ser un gran filósofo -con decenas de tesis publicadas, cientos de libros editados, miles de artículos presentados e infinidad de conferencias y clases impartidas- y, sin embargo, no ser un sabio, por el simple hecho de que ama el conocimiento y le dedica su vida, esfuerzo y tiempo…  Pero no ha descubierto, todavía, el conocimiento del Amor.

Porque, del mismo modo que es cierto que el amor por el conocimiento te aproxima a éste, no es menos cierto que sin el conocimiento y la experiencia del Amor hay puertas que quedan cerradas, tesoros que restan inaccesibles, mundos que permanecen invisibles.

Me gusta cómo lo expresaba Raimon Panikkar: la sabiduría emerge cuando el amor del conocimiento y el conocimiento del amor se unen.

Así es, en ese instante sujeto y objeto de conocimiento sí que se hacen uno, se produce la cópula gnóstica, el conocimiento místico, la instantánea fusión de uno con el Uno a través de lo otro que ya no es percibido como tal.  Y en esta experiencia adual de entrega, apertura y receptividad, uno saborea la realidad de un modo nuevo, gustándola y conociéndola como nunca antes lo había hecho.  De un transformador modo que nunca sabe si se repetirá, pues es como el rayo que ilumina y hace estremecer la tierra bajo nuestros pies.

¿Seremos capaces de recordar y expresar lo que el rayo nos ha permitido ver?  ¿Asumiremos la responsabilidad de reconocer el temblor bajo nuestros pies que ese nuevo punto de vista ha generado, actuando en consecuencia?

El filósofo puede contentarse con trabajar con ideas como quien trabaja en un laboratorio con peligrosos materiales.  El sabio, sin embargo, asume el riesgo existencial de encarnarse en cada pensamiento y de pensar cada encarnación.  Amando el conocer y conociendo lo que ama.  Saboreando el ser y el conocer, que para él son uno…  El Uno.

¿Sabio o filósofo?  Para mí no hay duda, no hay opción.

Pues soy polvo, mas polvo enamorado.

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Un comentario en “La diferencia entre el filósofo y el sabio

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