Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Las equivalencias homeomórficas de Panikkar


panikkar-y-melloni

Lo sé, en el título de hoy he introducido un palabro que asusta (equivalencia homeomórfica) pero se trata de una noción panikkariana que cualquier persona interesada en el diálogo intercultural o interreligioso debería conocer y manejar con cierta soltura.

Es un hecho incuestionable que los avances técnicos y la globalización nos han llevado a convivir con personas, culturas, creencias e ideas que no son las nuestras.  Y es también un hecho que, cuando nos asomamos a lo diferente, lo hacemos desde los patrones mentales de lo propio.  Esto, en demasiadas ocasiones, da lugar a asociaciones incorrectas, a que veamos paralelismos inexistentes, a que creamos comprender aquello de lo que -en realidad- no sabemos nada.

Pongo un ejemplo claro: a menudo he escuchado decir que Cristo es al cristianismo lo que Mahoma es al Islam.  O que el Nuevo Testamento (o si queremos, la Biblia) es para los cristianos lo que el Corán es para los musulmanes.  Y… ¡No es verdad!  ¡Ni de coña!  Ni Mahoma es Dios, ni el Corán puede asimilarse en el cristianismo a otra cosa que no sea la eucaristía, donde hay una presencia real y directa de Dios.

Hay que acercarse a la pluralidad con cautela y respeto, para no deformarla con nuestros prejuicios.  Cada cultura o cosmovisión constituye un sistema propio en el cual hay elementos que, aunque no se parecen en casi nada entre ellos, sí que cumplen una función equivalente (no idéntica) dentro del engranaje…  Mostrando una semejanza en la diferencia.  La equivalencia homeomórfica que acuñó Raimon Panikkar tiene que ver con esta semejanza de funciones que da lugar a correspondencias profundas que van mucho más allá de la simple analogía.

De hecho, tanto Panikkar como sus discípulos relacionan la equivalencia homeomórfica con una analogía de tercer grado porque, como aclara Javier Melloni, ni sus significados primeros se corresponden, ni sus funciones son las mismas…  Aunque sí equivalentes.

Este jesuita -al tratar sobre esta cuestión en su obra El Uno y lo Múltiple- cita un texto de Javier Otón que resulta clarificador.  Dice así:

“Si comparamos un cactus del desierto de Arizona con un tulipán holandes o con una gigantesca caoba de la selva africana, difícilmente encontraremos semejanzas en sus formas externas.  Pero si observamos detenidamente la fisiología de cada una de estas plantas, su relación con el medio, su sistema de reproducción o de nutrición, encontraremos un sinfín de similitudes y entenderemos la razón por la que se han adaptado de una manera diferente en cada ecosistema, y cómo cada especie ha desarrollado un sistema diferenciado de respuesta a las condiciones ambientales”

La equivalencia homeomórfica, por tanto, supone buscar semejanzas más allá de las apariencias, tendiendo puentes sin ceder ante una superficialidad que a menudo se ciega ante el espejismo de lo que es parecido pero que, en el fondo, no tiene nada que ver o que -en sentido contrario- desprecia las profundas equivalencias existentes entre elementos que tienen características claramente distintas.

Como que todo esto tiene un mucho de críptico y esotérico, termino con un dos clarificadores párrafos de Javier Melloni, extraídos de la obra anteriormente citada:

La equivalencia homeomórfica nos parece un instrumento conceptual muy adecuado porque, por un lado, permite respetar la especificidad de cada configuración religiosa y, por otro, posibilita establecer puentes entre ellas.  Así, por ejemplo, el término Dios del Cristianismo -y de las religiones monoteístas- no se puede identificar con el Brahman hindú porque el primero contiene la idea de un Creador personal y activo, mientras que el segundo es un Ser inactivo y no creador; sin embargo, ambos cumplen la función de ser los referentes últimos en sus respectivos sistemas.  Lo mismo se puede decir del Ser de la filosofía occidental y el Atman hindú. (…)  No atender a esta equivalencia homeomórfica da pie a malas comparaciones o comparaciones equívocas.

Aunque todas [las religiones] se valgan de unos textos sagrados, de la cohesión en torno a una comunidad, de la mediación de ciertos personajes, de una organización de los tiempos y de los espacios, de ciertas prácticas mistagógicas…, no significan lo mismo ni ejercen la misma función en el interior de cada configuración religiosa.  Sólo la consideración de esta semejanza en la diferencia permitirá respetar la diversidad de manifestaciones religiosas, así como captar la comunión estructural que hay en todas ellas.

Ya os he mareado bastante por hoy.  Sé que lo que hemos tratado no es una materia sencilla pero, creedme, se trata de una noción que abre muchas puertas y permite ensanchar el horizonte de comprensión que uno tiene de lo ajeno.

Dedicadle un tiempo a las equivalencias homeomórficas ya que, junto con el estudio de la simbólica, nos permitirán descubrir al Uno que se manifiesta en lo múltiple…  Labor de toda una vida…  O más.  😉

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: