Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Cuando los ortodoxos son herejes


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Quienes somos católicos, vivimos tiempos convulsos con este Papa venido del fin del mundo.  Porque su religión es la misma, su Fe también, pero su origen, su formación y experiencia ignacianas están poniendo de manifiesto nuevas sensibilidades, matices y formas de hacer que hay quienes no están dispuestos a aceptar porque chocan con la imagen que se habían formado de Dios, de la Iglesia y de la espiritualidad…  Y eso les hace sentir inseguros.

Todos tenemos nuestros esquemas mentales, que se van generando en base a nuestra formación y vivencias.  Y estos esquemas constituyen el modelo de interpretación de lo que decimos y hacemos.  Nos relacionamos con el mundo y con los demás a través de nuestros mapas mentales.

Este hecho posibilita que se den situaciones tan paradójicas como la que se narra en los evangelios, cuando Jesús le pregunta a Pedro quién piensa que es Él.  Y el discípulo le responde correctamente, ortodoxamente: Tú eres el Mesías (Mt. 16, 16).  Sin embargo, Pedro pensaba en un mesías políticamente libertador, no en un servidor sufriente absolutamente incompatible con su esquema mental.  Utilizaba las palabras correctas, pero con un significado absolutamente heterodoxo, distinto y opuesto al que pretendía Jesús.

Esto nos sigue pasando hoy en día: utilizamos las palabras y las ideas que aparecen en los Evangelios y en el Magisterio, pero inconscientemente las hacemos casar con los prejuicios que tenemos sobre Dios, el hombre y el mundo.  No nos abrimos a la fecunda Palabra de Dios, a su Revelación, sino que la encerramos en los estrechos límites de nuestras convicciones…  Aunque eso nos obligue a forzarla.

Mientras ha habido una cierta uniformidad cultural y teológica en el Papado, no hemos tenido grandes sobresaltos.  Pero un Obispo de Roma argentino y jesuita es un reto, porque nos obliga a releer lo mismo de siempre desde un nuevo punto de vista que -en ocasiones- hace tambalear nuestros edificios mentales y conceptuales.

Hay quienes lo llevan mejor, y quienes lo llevan peor.  Quienes entienden que las palabras y los conceptos referidos a Dios no son más que dedos que apuntan a una luna inalcanzable, mientras que otros se aferran a la seguridad de los textos -y de su interpretación “de siempre”- porque temen que la sorpresa que acompaña al soplo del Espíritu pueda hacerles naufragar al chocar contra unas rocas que ni tan siquiera se habían planteado que estaban allí.

No hay comprensión sin interpretación, ni Revelación sin humildad y apertura.  El Papa Francisco nos invita a acallar nuestros prejuicios e ideas preconcebidas para que seamos capaces de escuchar el susurro de un Dios semper maior, y el grito de quienes sufren a causa de nuestra sordera y egoísmo.

No maquillemos a Dios, no manipulemos sus palabras.  No vaya a ser que nuestras afirmaciones sean perfectamente ortodoxas, pero estemos diciendo -a través de ellas- auténticas barbaridades inhumanas y heréticas, que no es lo mismo pero es igual.  Porque, como decía Ireneo de Lyon, es falso todo Dios cuya gloria no sea la vida del hombre.

Estemos atentos, abiertos y disponibles.  Porque ninguno de nosotros está a salvo de erigirse en intérprete no autorizado de un Dios que no deja de manifestarse en todo y en todos, que ya ha dicho su última palabra y al que, sin embargo, todavía estamos a años luz de comprender totalmente.

Si un Papa nos invita a abrirnos a la novedad de Dios, ¿qué menos que seguir su consejo, aunque nos incomode o complique la existencia la pluralidad que surge de esa recomendación?  Sin miedo, porque no se trata de relativizar a Dios sino de asumir la limitación de nuestro conocimiento sobre Él.  ¿No es posible que no le hayamos comprendido del todo hasta el día de hoy?  ¿No puede ser que hayamos malinterpretado alguna de sus palabras? ¿Y si pudiéramos ampliar nuestra comprensión de la Revelación?Ésta es, tal y como yo lo interpreto, la propuesta del Papa Francisco: ¿confiamos o no en que el rumbo que él propone es inspirado por el Espíritu Santo?

Es tiempo de ser sabiamente ignorantes, viviendo a la intemperie, confiando en la mano amorosa de Dios…  No sólo en nuestras vidas, sino también en nuestras mentes y corazones.

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