Narcóticos


narcotico

Es difícil que tengas una vida perfecta.  Generalmente hay alguna cosa de  nuestra existencia que nos gustaría que fuera de otro modo.  De hecho, muchas veces hay demasiadas cosas que nos gustaría que fueran de otro modo…  Y eso nos causa una extraña e incómoda sensación de malestar e insatisfacción.  Sensación que aparece para despertarnos y animarnos a cambiar algo de lo que estamos haciendo para que, de ese nuevo comportamiento, surja una nueva circunstancia.

Pero no siempre atendemos a ese aviso, como no siempre atendemos a los síntomas de la enfermedad para buscar su causa…  Porque eso exige valor, esfuerzo y dedicación.  No, ante el desasosiego vital actuamos del mismo modo que demasiadas veces hacemos ante el dolor físico: tomando un analgésico.  ¿Te duele la cabeza?  ¿Para qué preguntarte la causa?  Te tomas un ibufrofeno, que te alivia…  Y no le das más vueltas a por qué te dolía ni al daño que puede hacerte la dichosa pastillita.  Porque no es inocua, aunque no lo queramos saber.

En mi día a día trato con muchas personas, todas muy distintas, cada una con sus peculiaridades.  Sin embargo, veo con espanto que hay un patrón que se repite: ante los problemas serios, pocos toman al toro por los cuernos. ¿Que la relación con mi pareja se deteriora?  Empiezo a hacer ejercicio a todas horas para pasar menos tiempo con ella, para quemar tensiones y para sentirme mejor con mi estado físico.  ¿Que mis hijos han convertido nuestro hogar en un campo de batalla?  Me paso horas y horas innecesarias en mi puesto de trabajo para no tener que soportar un territorio comanche que me cruje los nervios.  ¿Que tengo serios problemas de personalidad que me impiden regirme a mí mismo?  Me paso el día rezando para pedirle a Dios que me ayude, sin hacer esfuerzo alguno por poner en marcha ese cambio.  ¿Que el trabajo me estresa y mi vida familiar no me aporta sosiego ni alegría?  Pues me busco una aventura que añada algo de sal a lo soso de mi día a día…

Narcóticos…  Hacemos de cosas buenas auténticos venenos al utilizarlas para algo distinto de lo que deberían ser.  Todo está bien cuando nos hace crecer en conciencia y humanidad.  Todo es peligroso cuando nos impide desarrollar lo mejor de nosotros mismos, cuando esconde los problemas en lugar de solventarlos o cuando causa un daño -presente o futuro- a nosotros mismos o a aquellos que nos rodean.

¿Que no te gusta sufrir?  Pues ataca de raíz a la causa del sufrimiento, no te contentes con narcóticos o analgésicos.  Porque podrás tener hoy la sonrisa del idiota, del que ha perdido la sensibilidad, pero mañana el dolor reaparecerá…  Y su poder y fuerza serán cada día mayores, hasta que se vuelvan imparables.

¿Analgésico o tratamiento de curación?  Tú decides.  No vayas por el camino más fácil. Mejor escoge el camino que te lleve a donde quieres ir.

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