Meditaciones del día

Por Joaquín Muñoz Traver. Reflexiones para comenzar, vivir y terminar el día de otro modo. Filosofía, Humanismo y Religión hechos vida.

Ejercicios Espirituales, más necesarios que nunca


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La semana pasada comentaba con un amigo que mi esposa, este año en el que yo cumpliré mis cuarenta, le ha pedido a los Reyes Magos que me traigan algo que hace mucho tiempo que me hace ilusión pero que nunca he encontrado el momento adecuado para hacer: los Ejercicios Espirituales Ignacianos de 30 días.

Un mes de absoluto silencio y soledad en el que recorrer un camino interior personal y único, en el que descubrirte, conocerte, reconocerte y superarte mediante una serie de ejercicios de examen personal, y otros tantos de contemplación de la vida de Aquél que, para los cristianos, es imagen del ser humano perfecto, del ser humano divinizado o de Dios humanizado en una adualidad perfecta: Jesús.

Treinta días dedicados al cultivo de uno mismo y de la semilla divina que se encuentra en nuestro interior.  Treinta días de experiencia de Dios.  Treinta días de vacaciones con un hombre divino, para poder preguntarnos qué hacer -siguiendo Su ejemplo de entrega y autenticidad- en nuestras particulares circunstancias.  Treinta días para seguir el ejemplo de Epicteto, tratando de descubrir primero quienes somos para -después- vestirnos en consecuencia.  Treinta días para escuchar, y para decidirnos a actuar.  Treinta días de transformación mediante una experiencia espiritual iniciática en lenguaje cristiano que, sin embargo, puede hacer mucho bien a todos aquellos -tengan o no fe- que quieren ser fieles a sí mismos atendiendo a su vocación, ofreciendo al mundo lo mejor de sus capacidades, volviéndose -en palabras de Arrupe- hombres para los demás…  Hoy más necesarios que nunca.

Pese a que mi amigo ejercita semanalmente su cuerpo, no entendió que yo quisiera ejercitar mi alma, expandirla, fundirla con el Espíritu.  Una pena, porque sus ojos me decían que -tras ese cuerpo casi perfecto- se esconde un alma hecha jirones a causa de los zarpazos no cicatrizados de su vida.  Le hablé de ello, y quedamos en vernos una vez los hubiera realizado para comprobar si había enloquecido o mejorado en algo.  Veremos.  Cada fruto tiene su tiempo y, al menos, ahora ya conoce la existencia de los Ejercicios Espirituales…  Y tú también.

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Esta entrada fue publicada en 20 de diciembre de 2016 por en meditaciones y etiquetada con , , .
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