Narcisismo, exhibicionismo o compromiso


exhibicionista

 

El viernes pasado, a raíz de mi último post, una lectora me recomendó -a través de un comentario en Facebook- que no me exhibiera tanto, que si esas experiencias narradas eran reales, lo mejor era guardarlas en la intimidad.  Aunque le contesté a través de mi perfil personal ( https://www.facebook.com/joaquin.munoztraver ), considero que la suya era una aportación interesante que merecía ser abordada también en el blog.

Porque el escrúpulo que ella me planteaba sintoniza con la pregunta que me hago cada vez que termino de escribir un post: ¿nace este escrito del narcisismo, o de la voluntad de compartir algo que considero que puede resultar útil a los demás?  Si nace del narcisismo -cosa que, en ocasiones, sucede- el post se va a la papelera de reciclaje y comienzo a escribir de nuevo.  Si nace de la voluntad de ayudar, lo publico sin remordimiento alguno aunque, a veces, con cierto pudor o vergüenza en función de la materia tratada.

Porque, lo creáis o no, aquellos que me conocen saben que soy persona más bien tímida y extremadamente celosa de mi intimidad.  ¿Por qué, pues, desnudar mi alma en un blog?  Porque considero que hoy en día es necesario dar testimonio de que hay caminos alternativos al consumismo y al nihilismo posmoderno, sendas espirituales y religiosas que merece la pena transitar porque conducen a una vida más plena y humana.

A pesar del descrédito que acompaña en determinados ambientes a cuanto suena a trascendencia, considero imprescindible compartir aquellas experiencias que demuestran que, al menos para algunos, siguen existiendo caminos válidos -algunos muy antiguos- que conducen a buen puerto.  No tiene sentido exhibir la experiencia con orgullo porque los logros interiores tienen mucho más de don que de mérito propio, es el Espíritu quien nos moldea y acompaña si se lo permitimos.  Por ese motivo, al menos en mi caso, comparto cada experiencia como muestra de agradecimiento, como modo de hacer fecundo lo gratuitamente recibido, como testimonio de que no todo está perdido.

Escribo por compromiso, no por narcisismo o exhibicionismo.  Escribo por cada uno de aquellos que alguna vez me habéis hecho saber que el blog os ayuda.  Escribo porque creo que la lectura cambia vidas. Escribo porque me siento llamado a hacerlo, aunque sea con sonrojo, temor y temblor.

No tengo la Verdad ni la última palabra, pero sí la voluntad de ser transparente y mostrar caminos, reflexiones y experiencias que puedan dar lugar a nuevos peregrinajes.  Porque de eso va el vivir, de peregrinar de quienes somos a quienes estamos llamados a ser.  Y en ese viaje no estamos solos, aunque algunos prefieran ocultarse por timidez, pudor o miedo.

¿Estamos comprometidos con el desarrollo personal y espiritual?  No nos ocultemos, tal vez alguna conciencia despierte al entrar en contacto con nuestros éxitos y fracasos.  

No se enciende la vela para ocultarla sino para que ilumine, de nada sirve la sal si no sala, si no entra en contacto con el mundo para darle más sabor.

Atrevámonos a mostrarnos, no por narcisismo ni exhibicionismo sino como acto de entrega, como modo de transparentar al que quiere manifestarse a través de lo mejor de cada uno de nosotros.

Pero, conociendo nuestra tendencia a la soberbia, no dejemos de preguntarnos: ¿por qué lo estoy haciendo?  Sólo nosotros, en nuestro interior, tendremos la auténtica respuesta.

 

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