No tengas miedo a las redes sociales


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Aunque pueda parecer contradictorio porque cada día me dejo jirones de alma en este blog, soy una persona extremadamente tímida y celosa de mi intimidad.  Tal vez por ese motivo formo parte de ese colectivo que se lo piensa, y mucho, antes de asomarse a cualquier red social.

Hoy en día estoy presente -personal y profesionalmente- en la mayoría de ellas (al menos en la mayoría de las más importantes que me aportan algo), pero ha sido un largo, cuidadoso y meditado camino el que me ha traído hasta aquí.  Así que comprendo a quienes todavía hoy desconfían o, incluso, sienten fobia hacia todo este mundillo…  Pero mi recomendación es clara: dad el salto, las redes aportan mucho y los riesgos que teméis son fácilmente controlables…  O seguirán existiendo aunque vosotros os mantengáis fuera de estas comunidades.

Me explico.  Y lo voy a hacer a través de un ejemplo paradigmático que yo mismo he sufrido: en el caso de las pequeñas y medianas empresas, es habitual que exista el miedo a exponerse demasiado al participar en redes sociales.  Todos hemos oído hablar de los trolls y de algunas campañas críticas organizadas -por ejemplo- a través de Twitter contra una compañía…  Y nos aterra que pueda sucedernos algo parecido.  Sin embargo, debes tomar en consideración el siguiente argumento, que para mí resultó decisivo: el hecho de que tú no estés, por ejemplo, en Twitter, no significa que no vayan a hablar de ti en esa red social.  Al contrario, podrán decir cualquier cosa sobre ti -deteriorando tu imagen- y, o no te enterarás, o no podrás defenderte.  En este sentido, ¿estás más expuesto si tienes o si no tienes cuenta propia en la red del pajarito?

A nivel personal, los miedos suelen ser otros: ¿voy a perder mi intimidad? ¿Van a poder opinar los demás sobre mi vida y pensamiento? ¿Me van a ocupar las redes sociales demasiado tiempo? ¿Voy a volverme tan dependiente de ellas como todas las personas que veo por la calle y que parece que no pueden pasar un minuto sin consultar su Facebook, Twitter o Instagram?

Si te paras un segundo a analizar las preguntas, verás que todas tienen la misma respuesta: depende…  De ti.  Las redes sociales sólo suponen un nuevo canal de comunicación y -como en todos ellos- tú eres quien decide lo que emite y lo que recibe, lo que dice y lo que escucha.  También lo que calla.  Porque también aquí es válido el sabio recordatorio de que uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios.

Puesto que las redes sociales nos conectan con muchas más personas que una conversación de bar entre unos pocos amigos, debemos tomar conciencia de sus características y actuar en consecuencia.  Del mismo modo que a mí no se me ocurre contarle las mismas cosas a mi esposa cuando estamos solos que cuando estamos rodeados de otras parejas en una reunión del colegio, también aquí es importante pensar antes de hablar para sólo decir aquello que queremos que toda la potencial audiencia sepa.

Tú tienes la llave de la puerta de tu intimidad, y tú decides hasta dónde la abres, qué muestras y qué ocultas.  ¡Y claro que la gente hablará de lo que enseñes!  ¿Acaso te crees que no hablan de ti tus amigos cuando no estás delante?  ¡Claro que lo hacen! De lo que saben y de lo que intuyen.  Y, desgraciadamente, no siempre para decir cosas buenas de ti.  Pero así es la vida.

Respecto al tema del tiempo y la dependencia…  Cada uno se conoce a sí mismo y su capacidad de autogobierno.  Es cierto que uno puede pasarse el día entero participando en distintas redes sociales porque su alcance es planetario y su contenido inacabable, pero uno debe ser suficientemente adulto como para autoimponerse unos tiempos y unos límites.  ¿O acaso no ordenamos también el resto de nuestras actividades?  A mí puede gustarme mucho leer, escribir o jugar a las cartas…  Pero no puedo pasarme el día haciéndolo porque tengo unas obligaciones con las que debo cumplir.  Así que me asigno tiempos para cada cosa, y trato de cumplir con mi planificación.  ¿Qué eso restringe mi libertad?  Ni mucho menos, me ayuda a mantenerme libre y disponible.

Releyendo lo escrito, me he dado cuenta de que el contenido es esencialmente negativo.  Y eso me disgusta.  Así que terminaré con un mensaje positivo: si eres de quienes miran con desconfianza a las redes sociales, te animo a leer cada semana mi post sobre “las redes sociales con cabeza” para irte familiarizando con la naturaleza de cada una de ellas.  Así podrás valorar qué te puede aportar cada una.  Porque te aseguro que aportan muchísimo.

Y no hablo sólo de entretenimiento, que también.  Las redes te ponen en contacto con personas notables a las que jamás habrías tenido acceso, te permiten colaborar con comunidades y foros de personas con intereses parecidos a los tuyos que -al coincidir en un mismo tiempo y lugar- dan lugar a cosas inimaginables, te acercan conocimientos que en el pasado estaban restringidos a unos pocos privilegiados, te ofrecen oportunidades profesionales que hoy no puedes ni tan siquiera soñar.  Las redes sociales te abren nuevos mundos que merece la pena descubrir, en lo personal y lo profesional.  Créeme, te lo dice uno que les tenía pánico.

 

 

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