La impaciencia del lector digital


Si has llegado a este post buscando alguna información, el estudio sobre la capacidad de atención de Statistic Brain afirma que sólo tengo unos 8 segundos para seducirte y evitar que abandones esta página.

Parece que las capacidades y hábitos de atención y lectura de los usuarios habituales de medios y redes sociales están cambiando respecto a los de los lectores tradicionales en papel.  Ni mejoran ni empeoran, cambian, se transforman, se adecuan a los nuevos medios.  La constante interacción con hipervínculos y contenidos multimedia facilita nuestra capacidad de interrelación y nuestras aptitudes multitarea, pero también parece que dificulta nuestra capacidad de concentración sostenida en una misma cuestión durante un tiempo prolongado.

Leemos zapeando, saltando de un contenido a otro en función de cómo llaman y retienen nuestra atención.  Obtenemos más información que nunca, pero de un modo superficial.  Sabemos un poco de todo, pero mucho de nada.  Tenemos una falsa sensación de plenitud derivada de la acumulación de datos, sin darnos cuenta de que de nada sirven éstos si no somos capaces de penetrar en ellos, dedicarles un tiempo de reflexión, investigar sus fundamentos y derivadas y -así- forjar una opinión personal bien razonada que nos permita actuar de un modo consciente y coherente.

Para una lectura sosegada, meditativa y profunda, nos favorece reducir los estímulos que puedan dispersarnos, para así concentrar toda nuestra atención en el texto…  Como sucede en los libros de toda la vida o, incluso, en los eBooks.   Ésa es -al menos- la recomendación de Elena Jiménez, Presidenta de la Asociación Española de Comprensión Lectora para quienes quieran retener y asimilar al máximo el texto que tienen en frente.

Como siempre, es preciso ser consciente de lo que queremos hacer y de los medios más adecuados para obtenerlo.  No es lo mismo pretender hacer una primera aproximación a un tema (para lo cual será muy útil una lectura superficial pero interrelacionada de contenidos diversos) que tener la intención de estudiar en profundidad una cuestión por interés personal o para compartir nuestras reflexiones y aportaciones con otros.  En este caso sería precisa una profundidad e interiorización que, por lo visto, es más difícil en un entorno digital.

La decisión final es de cada uno, por supuesto, pero es preciso no perder de vista que la lectura interactiva tiene unas características distintas (y puede que complementarias) a la lectura comprensiva de toda la vida.  Y, en mi opinión, ambas son necesarias y deben convivir si queremos desarrollar nuestra creatividad y estar al día sin perder nuestra capacidad de análisis y relación.

Así que ya sabes, a leer el blog…  Y también mis libros  😉

 

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