¿Qué tiene que ver la meta-economía con el sexo y el amor?


Como saben todos los que me conocen, pese a haberme especializado en meta-economía con un doctorado dedicado a ella, no soy economista…  Ni ganas de serlo, al menos al modo en que hoy se los forma…  Esto es, sin hablarles de meta-economía.

Por ese motivo, semana tras semana, trato de ir ofreciendo nuevas perspectivas sobre esta noción para que -quienes nunca se habían planteado su existencia- puedan ir asimilando poco a poco el concepto, sus características y las consecuencias de su existencia.

Hoy lo haremos de un modo un tanto provocativo, no sólo porque es un recurso didáctico y marketiniano, sino porque E.F.Schumacher (autor al que dediqué mi tesis doctoral sobre meta-economía) utilizó una imagen que me parece deliciosa e imprescindible: la economía sin meta-economía es como el sexo sin amor.

Así es: es posible dedicarse a la economía sin atender a su meta-economía, del mismo modo que es posible acostarse con una persona sin sentir nada por ella.  Y puede que pasemos un buen rato -incluso un muy buen rato-, puede que tengamos una gratificación inmediata, puede que nos sintamos bien, incluso es posible que fruto de nuestro encuentro surja una cierta amistad o una nueva vida.

Pero no nos engañemos: echar un polvo no es lo mismo que hacer el amor.  El mejor sexo es aquél en el que a la unión de los cuerpos se unen dos corazones que palpitan a un mismo ritmo y hacen posible la fusión de los espíritus.  El amor es el ingrediente secreto del mejor de los sexos, y el que garantiza su continuidad, su permanencia, una pasión incremental y la condición de posibilidad de que un posible hijo tenga el mejor entorno posible para desarrollarse natural y plenamente.  El sexo no es gratuito, tiene consecuencias físicas, emocionales, familiares y sociales.

Lo mismo sucede con la economía y la meta-economía: sólo cuando la economía tiene un porqué que va más allá de sí misma, sólo cuando reconoce su componente espiritual o metafísico, sólo cuando centra su mirada en el otro y sólo cuando asume su papel de medio o instrumento para un fin mayor, sólo en este caso en el que la economía permanece fiel a una meta-economía de la que es consciente, resulta posible que conduzca a la felicidad, a la plena satisfacción y desarrollo de sus participantes, así como a la generación de auténtica vida… En lugar de ser semilla de codicia, apropiación y destrucción.

Si la meta-economía es a la economía lo que el amor es al sexo…  ¿Estamos seguros de que queremos renunciar a ella?

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