La ceguera del método analítico en Humanidades


No seamos necios y aceptemos la realidad, aunque no nos guste.  El empirismo y el método analítico -en la actualidad- disfrutan de un prestigio que ya le gustaría tener a las Humanidades.

Sin embargo, es importante recordar que tan prestigioso método tiene sus raíces en el empirismo de las ciencias naturales, en el neopositivismo del Círculo de Viena y en la supuesta superioridad del método inductivo frente al deductivo pero que, en la práctica, se basa en prescindir de datos no relevantes para -mediante un procedimiento reductivo- llegar a lo importante, a lo sencillo, a lo simple.  Un método fragmentador que ha dado lugar a la actual fragmentación del saber y que, en ese ir separando en piezas y renunciando a lo accesorio, ha generado importantes lagunas y se ha quedado con una selección de piezas principales sin prestar demasiada atención a la importante relación que se establece entre éstas…  Ni valorar la insignificante pero a menudo imprescindible función que corresponde a algunas de las piezas que se despreciaron en el despiece.  Porque, como cualquiera con nociones básicas de mecánica sabe, tan importante como las piezas de un motor es la relación que se establece entre ellas…  Porque de esas relaciones depende su dinamismo, su vida.

El todo es muy superior a la mera yuxtaposición de partes, especialmente cuando nos enfrentamos al estudio de algo tan complejo como es el ser humano.  Por eso las Humanidades y el Humanismo resultan tan necesarios como saber integrador y rector de los conocimientos obtenidos desde otras disciplinas o especialidades, como eje gnoseológico en torno al cual todo saber referido al ser humano debe girar.

El especialismo sin humanidades fragmenta al ser humano en partes y nos permite profundizar en cada una de ellas hasta el más nimio detalle…  Pasando por alto lo esencial, aquello que todo lo une y lo integra conformando a la persona…  Objeto último de todo estudio humanístico.

Pero cuidado, que las humanidades sin especialidades pueden caer en el conocimiento superficial, en el mero barniz cultural.

Entiéndase bien nuestra propuesta: no criticamos la existencia de especialidades científicas, sino su vocación de exclusividad, de totalidad.  Las humanidades, por tener como referente a un ser humano que está formado de cuerpo, alma y espíritu, no puede excluir tipo alguno de metodología sino que deben estar abiertas a toda forma de conocimiento, permitiendo y promoviendo su interfecundación y su puesta al servicio de un mejor y más completo conocimiento del ser humano que nos permita vivir de un modo más armónico y feliz.

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