Meta-economía: cuando no basta con ser economista


Los economistas -como cualquier otro especialista- corren el riesgo de terminar creyendo que no hay más valor que el económico ni más verdad que la que es capaz de percibir su propia ciencia.  Al no retirarse más allá de su especialidad, son incapaces de obtener una visión con perspectiva.  Esa inaccesible perspectiva es la que procura ofrecer la meta-economía.

Cada método de investigación ha sido configurado para conocer en profundidad el objeto de su estudio.  Por ese motivo resulta absurdo tratar de aplicarlo a otro objeto y confiar en que ofrezca resultados igualmente fiables.  A nadie le gusta reconocer su propia ignorancia, pero es preciso que aceptemos que podemos ser especialistas en una materia y absolutos ignorantes en otra.

La economía, tal y como se estudia en la mayoría de facultades en la actualidad, se basa en un conocimiento de carácter numérico, cuantitativo que -a falta de otra definición- vincula lo mejor con un mayor beneficio, y lo peor con un menor resultado.  Sin embargo, es ésta una simplificación peligrosa que está produciendo daños ambientales y sociales de los que cada vez se nos alerta desde más distintos y variados ámbitos.  Además -como recordaba gráficamente Schumacher- el plan de estudios de las facultades de Economía implica la asunción irracional de postulados apriorísticos, no demostrados, comprobados ni contrastados que hacen de la ciencia, ciencia-ficción (SCHUMACHER, 1981, p.166).  ¿Por qué se convence a economistas más que competentes en el cálculo de rendimientos o de costes de que están capacitados para dirigir los destinos de una empresa, si no se les hace reflexionar con anterioridad sobre cuál es la auténtica función de la empresa, de la dirección, del trabajo y del beneficio?  Dirigir una empresa tiene mucho más que ver con el destino de las personas y las sociedades que con las calculadoras, y es preciso no perder de vista el para qué ni el cómo si queremos llegar a buen puerto.  Ciencia y conciencia deben ir de la mano si queremos alcanzar el éxito…  Independientemente de que pertenezcan a distintos ámbitos o especialidades.

Hay un imprescindible texto de Leopold Kohr que, aunque largo, te recomiendo leer con detenimiento porque nos sitúa en la perspectiva de esa interdisciplinariedad que exige la meta-economía.  Dice así:

No ha de olvidarse que la etapa más fecunda de la disciplina fue la de su origen, cuando comenzó a surgir como especulación filosófica más que como estudio económico.  Sus principios fundamentales fueron descubiertos y formulados en aquella época.  Y sus expositores más insignes desde entonces no han sido técnicos o especialistas, sino filósofos y pensadores que se introdujeron en el campo de la economía a menudo como aficionados y diletantes, nunca en calidad de peritos.  Adam Smith fue profesor de filosofía moral antes de ser economista, Thomas Malthus predicador del Evangelio, John Stuart Mill filólogo de lenguas clásicas, Karl Marx filósofo e historiador.

Pero, ¿por qué esos iniciadores de los estudios económicos han sido más hábiles para explicar sus misterios que sus especializados sucesores amamantados en la disciplina?  La razón parece sencilla.  Aquellos eran hombres que no se limitaban a examinar una o dos facetas de un problema, sino todas ellas.  Eran capaces de explicar problemas económicos porque su preparación les permitía explicar toda suerte de problemas.  En su búsqueda de soluciones podían por lo tanto ir siempre más allá de la economía, y retroceder a regiones en las cuales las leyes de la naturaleza fueran más fácilmente observables por su mayor proximidad a las fuentes primigenias.  Siempre que la ocasión lo justificara, podían auxiliarse de diversas ciencias sin dificultad, tratárase de la biología, la física, o la disciplina que fundamenta a todas las demás, la filosofía.  Vale decir que eran grandes economistas, porque eran grandes filósofos.  Por analogía con el término ya célebre que adoptaron los editores de las obras aristotélicas, bien podrían llamarse meta-economistas.

(…)  El elemento común a estos iniciadores del conocimiento humano es la perspectiva de que se valieron para sus investigaciones.  Todos ellos fueron investigadores meta-científicos.  Aventurándose más allá de los límites de sus propias disciplinas originales en su búsqueda por las causas primeras y leyes fundamentales, fecundaron las ciencias y artes de las que eran maestros juntamente con las que exploraron. ¿Acaso parece temerario sugerir que un enfoque tan fructuoso en otras épocas puede serlo también en la nuestra? ¿Es herejía creer que lo que tan útil ha sido para el físico, también pueda servir para la enmohecida ciencia de la economía?  (KOHR, 1961, pp.215-229)

¿Quieres ser un buen economista?  Pues, siento decírtelo, pero tendrás que ensanchar tus horizontes e ir mucho más allá de la economía.  Paradójico e incómodo, cierto, pero imprescindible.

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