El simbolismo metafísico de la forja del herrero


No pocas veces, al tomar consciencia de que soy capaz de caer mil veces en la misma piedra, me percibo a mí mismo como un pesado y duro metal en el que no hacen mella mis intentos de reformarme.

Puede que sea esta imagen mental la que hoy me ha llevado a meditar en torno al simbolismo metafísico de la forja del herrero, buscando qué puede decirme -y enseñarme- sobre el arte de la transformación personal.

Lo primero en lo que debemos fijarnos es que no hay forja sin fuego.  Para que pueda producirse una transformación del metal sin provocar su rotura, es preciso someterlo a la fragua, a ese fuego capaz de elevar su temperatura interna.  El fuego -ya lo hemos tratado en otras ocasiones- hace referencia a la luz y al calor, a la Inteligencia y al Amor… Y a quien consideramos su Fuente, a Dios.  Parece, por tanto, que el cambio no puede ser fruto -exclusivamente- de la fuerza de voluntad sino que requiere de visión y pasión, de cabeza y corazón.

Pero la voluntad también es necesaria, como lo es el mazo o el martillo para esculpir la nueva forma sobre la base del yunque.  Es preciso un trabajo metódico y constante para adecuar el metal ya voluble al ideal al que queremos asemejarnos.  Puede que nosotros seamos los creadores del molde, o puede que nos lo hayan encargado.  Porque, ¿escoge cada uno quién es, o más bien debe uno descubrir a qué está llamado para tratar de convertirse en su más auténtico rostro?  Ahí dejo la pregunta para que tú mismo te contestes.

No olvidemos -tampoco- que trabajamos sobre un metal, y que no todos los metales tienen las mismas características…  Ni posibilidades.  Es preciso conocerse a uno mismo para saber hasta dónde se puede llegar, cuáles son nuestras capacidades y nuestras limitaciones.

Como herreros de nosotros mismos, tenemos la responsabilidad de qué creamos con el metal que nos ha sido dado: si una espada para defender o para atacar, si un cuenco para alimentar al hambriento o para reclamarle sus monedas.  Como artista, el herrero es un intermediario, un demiurgo que trabaja y da forma a la creación del Creador…  Y esa forma puede ser tanto benéfica como satánica.  En nuestras poderosas manos está la decisión de lo que queremos ser y aportar al mundo en el que nos ha tocado vivir.  Ésa es nuestra libertad y nuestra responsabilidad.

Porque debemos recordar que una vez retirado del fuego, el metal empieza a enfriarse y a perder su capacidad de moldearse.  Incluso hay circunstancias y vivencias que son como un jarro de agua fría y -de golpe- te devuelven la dureza y la rigidez.  Y no siempre es fácil reencontrar el fuego, por mucho que éste nunca se apague.  No deja de arder, pero podemos permanecer lejos de él y ya nunca volveremos a tener la oportunidad de tomar esa armoniosa y bellísima forma que habíamos soñado.  Así que, cuando sientas caldear tu corazón, no lo dudes: es el momento de la forja, de convertirte en el herrero de la nueva vida que quieres disfrutar y compartir.

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