El simbolismo metafísico de la hiena


Hay animales que despiertan en uno ciertas resonancias y vibraciones que deben ponerle en guardia.  En mi caso, la hiena me pone enfermo.  ¿Por qué?  Porque me conecta con una forma inhumana de ser humano que, lamentablemente, es más habitual de lo que me gustaría…  Y a todos nos amenaza.

Me explico: la hiena es un animal nocturno, voraz y carroñero con un olfato hiperdesarrollado y una terrible fuerza en sus mandíbulas que le permite triturar cuanto se cruza en su camino.  Es un animal poderoso pero desagradable, potente pero sin grandeza.  

La imagen de la hiena -no puedo evitarlo- me pone en contacto con esos ejecutivos agresivos que dedican su inteligencia, astucia e intuición a luchar por alimentarse… Aunque sea a costa de triturarle los huesos a otro.  Personas con un gran potencial que sólo utilizan para garantizarse un sustento o un nivel de vida, sin preocuparse por aquellas otras facetas de su humanidad que les permitiría elevarse más allá de la desenfrenada lucha por la supervivencia para dotar a su vida de sentido y vocación de servicio.

Esclavos de sus necesidades, su potencial se convierte en un peligro para quienes les rodean.  Hienas humanas.  Carroñeros…  Pesadilla para demasiados…  Su existencia reclama la de los leones, seres poderosos y nobles capaces de protegernos de sus zarpazos y mordiscos.

Y tú, y yo…  ¿seremos leones o hienas?

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2 comentarios en “El simbolismo metafísico de la hiena

  1. Poco tiempo después, otras tres leonas se unieron a la primera. Aun así, y a pesar de la aureola de poder y grandeza con la que los humanos las hemos imaginado, las leonas no se atrevían ni siquiera a acercarse a las hienas. Pero entonces sucedió algo que alteró la balanza por completo. Dos leones adultos llegaron tras las hembras. Estos ni siquiera se plantearon esperar. Gruñendo amenazadoramente, se lanzaron contra las hienas. Las leonas siguieron a los machos y, ante la carga de los felinos, las hienas abandonaron su presa. Una vez más, los leones les habían robado el fruto de su cacería.

    Pese a la creencia popular, las hienas no son unas despreciables carroñeras que roban ‘el pan’ a los magníficos leones. Más bien al contrario. Peores cazadores que estas, suelen ser los leones los que para alimentarse se aprovechan del eficaz trabajo de las hienas. Pero como las hienas nos resultan repugnantes por su aspecto y los leones nos parecen tan fuertes y elegantes que les hemos otorgado el título de ‘rey de la selva’, seguimos perpetuando una creencia errónea. Y es que, nos guste su aspecto o no, los hiénidos son unos seres extraordinarios.

    No sabes nada amigo mío

    Me gusta

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