La simplificación es práctica, pero estúpida


Todos sabemos que es más fácil resolver un problema simple que complejo, un puzzle de tres piezas que uno de cinco mil.  Por ese motivo, quienes tienen una mentalidad pragmática tienden a fraccionar los grandes problemas en muchos problemas pequeños para irlos resolviendo por partes.  Y funciona…  Para resolver pequeños problemas, pero no para las mayores cuestiones de nuestra existencia.

¿Por qué no funciona?  Porque al convertir un problemón en diez problemas pequeños, terminamos por resolver ocho de esos problemas (un auténtico exitazo a nivel práctico) pero quedan dos que se nos resisten porque tienen un componente más profundo que escapa a nuestras soluciones simples.  Esos dos problemas son los que caracterizaban a nuestro problema como problemón…  Y ahí siguen, sin ser solucionados…  Pero nosotros contentos porque hemos tenido ocho éxitos y sólo dos fracasos…  Quien no se contenta es porque no quiere.

Ésta es la forma de hacer de ese tipo de economistas que reducen cualquier situación o problema a una cuestión meramente numérica, dejando fuera de la ecuación todos aquellos elementos morales o antropológicos que dificultan el encontrar una solución clara y rápida.  Deciden olvidar que la realidad es compleja y tiene mil interrelaciones para lograr una alta eficiencia y productividad en la resolución de problemas.  Lo de menos es que las soluciones que dan sólo resuelvan parte del problema y, simplemente, obvien la parte más profunda y humana del mismo.

E,F.Schumacher, a quien tanto debo y con quien tanto he compartido, lo decía con su habitual gracia y fiereza:

Todas las cosas llegan a ser claras como el cristal después que se ha reducido la realidad a uno, solamente uno, de sus miles de aspectos.  Se sabe qué es lo que hay que hacer: todo aquello que produzca beneficios.  Se sabe qué es lo que hay que evitar: todo aquello que los reduzca o produzca pérdidas.  (…)  Vea si es rentable, investigue si hay alguna alternativa que sea más rentable.  Si la hay, elija la otra alternativa.

No es casualidad que los hombres de negocios con éxito a menudo sean asombrosamente primitivos; viven en un mundo convertido en primitivo por un proceso de reducción.  Se adecúan a esa versión simplificada del mundo y están satisfechos con ella.

SCHUMACHER, 1990, p.220

¿Cuántas veces, también nosotros, hemos optado por simplificar el problema -obviando su núcleo más profundo- para obtener una más fácil solución?  Es una tentación que siempre está ahí y a la que casi todos hemos sucumbido en alguna ocasión.  Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.  Y el resto, intentemos tomar conciencia de nuestra necedad para no volver a caer en el mismo punto del camino.

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