La palabra penúltima


A menudo olvidamos que la palabra no es la cosa, y que nuestra idea no tiene por qué ser la Verdad… Por mucho que apunte hacia ella.  Que nuestra visión no es lo que es, sino mera imagen de lo percibido.  Que nuestro pensamiento no es más que un mapa que nos permite reconocer y transitar el territorio, en función de lo por nosotros conocido.

Pero ese mapa puede y debe cambiar, en función de nuestros nuevos descubrimientos y experiencias.  Sólo así seguirá siendo válido para dar un paso más con seguridad hacia el destino elegido.  No confundamos el mapa con el territorio, no nos aferremos con obcecación a nuestro punto de vista, olvidando que hay otros ángulos de visión que -tal vez- muestran a los demás lo que para nosotros permanece oculto.

Utilicemos las palabras con respeto y con mesura, como conectores entre lo de dentro y lo de fuera, como exploradoras de nuevos paisajes siempre por descubrir.

No queramos tener la última palabra…  Aceptemos que siempre será penúltima porque el Tao que se puede nombrar no es el auténtico Tao, porque la Verdad siempre escapará a la prisión del concepto, la palabra y sus limitaciones. 

Cuando antes lo aceptemos, antes comenzaremos a hablar con propiedad…  O no…  Al fin y al cabo, no es mi última palabra al respecto.  😉

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