El Papa habla claro sobre el diálogo interreligioso no proselitista


Estos días de Semana Santa he comenzado un nuevo libro que, como suele sucederme con los libros-entrevista, me ha atrapado desde la primera página: Papa Francisco.  Política y Sociedad.  Conversaciones con Dominique Wolton.  De hecho, ya casi lo he terminado  😉

A lo largo y ancho del primer capítulo, con un lenguaje cercano y mucho sentido del humor, el Papa Francisco muestra su incisiva mirada sobre mil cuestiones de nuestro tiempo…  Pero quiero centrarme en una de ellas -el diálogo interreligioso- porque me ha fascinado su valentía y claridad.

Su planteamiento es, más o menos, el siguiente (utilizo la cursiva para las citas textuales):

La dignidad humana implica necesariamente ‘estar en camino’.  Cuando un hombre o una mujer no está en camino, es una momia.  Es una pieza de museo.  Esa persona no está viva.  Interesante planteamiento para la cabeza visible de una Institución a la que algunos, desde fuera y con poco conocimiento de la misma, acusan de ser rígida, inmóvil y de estar anquilosada en el pasado.

Podemos equivocarnos de camino, podemos caer…  (…) Pero caminamos.  Caminamos equivocándonos, pero caminamos. Comunicamos.  Nos resulta difícil comunicarnos, pero lo hacemos a pesar de todo.  Digo todo esto porque no debemos rechazar a las personas que están en marcha.  Porque eso sería rechazar la comunicación.  Cuanto hacemos y decimos, comunica.  Dice algo de nosotros, de quiénes somos y de quiénes queremos ser.  De nuevo, el único que no comunica es el que se encierra en sí mismo y evita el contacto con los demás.

Todo hombre o toda institución, en todo el mundo, tiene siempre una dimensión política.  De la Política con mayúscula, dijo el gran Pío XI que es una de las formas más elevadas de la caridad.  (…)  El instrumento de la política es la proximidad.  Enfrentarse con los problemas, comprenderlos. (…)  Hacer política es aceptar que exista una tensión que nosotros no podemos resolver.  (…)  Hacer política es buscar esta tensión entre la unidad y las identidades propias.  Hablamos, claro está, de la Política como participación en los asuntos que nos conciernen a nosotros y a los demás, del actuar en todo aquello que tiene una influencia o trascendencia social.

Y aquí ya comienza la concreción del Papa Francisco respecto a su modo de comprender y vivir el diálogo interreligioso.  Abran bien los oídos y las mentes, porque intuyo que algunos pueden llevarse alguna sorpresa:

(…)  En lo que concierne al diálogo interreligioso debe existir, pero no se puede establecer un diálogo sincero entre las religiones si no parte cada uno de su propia identidad.  Yo tengo mi identidad y hablo con la mía.  Nos acercamos, encontramos puntos comunes, cosas en las que no estamos de acuerdo, pero en los puntos comunes seguimos adelante para el bien de todos.  El diálogo que propone el Papa, por tanto, no parte de la cesión indiscriminada, de la renuncia a la Verdad, del acuerdo por el acuerdo.  Es un diálogo tan respetuoso con lo común como con la diferencia, porque ambas forman parte de nosotros y de nuestra dignidad.

(…)  En una tensión no hay que buscar, por consiguiente, la síntesis, porque ésta puede destruir.  Es preciso tender hacia el poliedro, hacia la unidad que conserva todas las diversidades, todas las identidades.  (…)  El proselitismo destruye la unidad.  Y esa es la razón por la que el diálogo interreligioso no significa ponernos todos de acuerdo, no, significa caminar juntos, cada uno con su propia identidad. (…)  La política de la Iglesia es su propio testimonio.  Aquí se produce un cambio copernicano respecto a otros planteamientos del diálogo interreligioso.  No se dialoga para convencer al otro si no para ampliar la propia visión y caminar juntos en lo intelectual y lo vital.  Y en ese normal caminar, en los modos de hacer de cada uno, surge un ejemplo que cala, unas verdades que se imponen por ósmosis.

Y termina el Papa Francisco con una advertencia sobre los riesgos de encerrarse en la propia identidad como si de una fortaleza se tratara, una conducta que -recalca- nada tiene de cristiana:

(…) Guardini nos enseña esta vía de unidad en la diversidad.  ¿Qué pasa hoy con los fundamentalistas?  ¿Estos se encierran en su propia identidad y no quieren oír nada más.  (…)  La Iglesia debe servir en el campo de la política para lanzar puentes.  (…)  He aquí algo que se encuentra en el corazón de nuestra fe.  Dios Padre ha enviado a su Hijo, y Él es el puente. ‘Pontifex’.

Puede decirse más alto pero, ¿más claro?

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