El precio de los sueños


Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido un sueño…  Hemos deseado algo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro pensamiento.  Seguro que hay algo que, en algún momento, nos llenó de vida, energía y esperanza.

Puede que lo hayamos logrado, puede que no…  O puede, incluso, que hayamos abandonado esa ilusión por considerarla irrealizable.

Es cierto que uno debe tener cabeza para soñar (así evitamos soñar lo imposible) pero no es menos cierto que son necesarias ciertas gotas de locura si queremos que el sueño valga la pena.

Sin embargo, no podemos olvidar que los sueños tienen un precio…  No son gratis.  ¿Quieres algo?  Plantéate si estás dispuesto a pagar su precio.

Recuerdo que hace años soñé con realizar una tesis doctoral sobre los valores que deberían sustentar una economía -y una vida- realmente humanas.  Sentía una llamada a hacerlo, creía que era necesario, me ilusionaba…  Pero también sabía que ese título de Doctor me iba a costar sudor, lágrimas y levantarme durante años a las 4.30 h de la mañana…  Me apeteciera o no.  Lo valoré y decidí que estaba dispuesto a pagar ese precio.  Y lo pagué.  Y realicé mi sueño, y obtuve una satisfacción que no tiene precio.

Hoy tengo otros sueños, y ya he empezado a correr tras ellos.  Sin prisa pero sin pausa.  Con una cierta planificación, con una férrea voluntad y con la apertura suficiente como para adaptarme a los cambios de circunstancias y a las oportunidades que vayan surgiendo.

¿Cuáles son tus sueños?  Dedica unos minutos a plantearte esta pregunta con seriedad.

¿Qué te va a exigir perseguir tu sueño?  ¿Estás dispuesto a asumir ese sacrificio?

Si lo tienes claro, ponte en marcha y no te desanimes.  En los malos momentos -que los habrá- recuerda el entusiasmo que hoy te acompaña y sigue adelante.  Todo “bajón” tiene su fin, son pozos de los que se sale si uno no se cansa de seguir adelante, siempre adelante.

Y algo muy importante que he dejado para el final: es cierto que los sueños tienen un precio, pero no perseguir tu sueño también tiene un precio…  Y es mucho mayor: tu infelicidad y amargura.  No lo olvides cuando te sientas cansado.

Te deseo una semana repleta de sueños…  Perseguidos y realizados.

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