¡Que difícil es enfadarse!


El título del post de hoy es muy discutible: enfadarse será difícil dependiendo de tu temperamento y del entorno y circunstancias que te rodeen.  Cierto, pero no me refiero a eso.

En mi caso, tengo un temperamento al que le cuesta mucho enfadarse.  Soy de naturaleza tranquila y comprensiva.  Pero cuando cae la gota que colma el vaso, mis cabreos son memorables e inolvidables…  Como bien saben -y gracias a Dios, me perdonan- quienes conmigo conviven.

Digo que me perdonan porque mis enfados no siempre se ajustan al “modelo aristotélico”, que para mí -en esta materia- es el ideal a seguir.  Decía el sabio griego:

Cualquiera puede enfadarse, eso es lo fácil.  Pero enfadarse con la persona adecuada, hasta el nivel adecuado, en el momento adecuado, por el motivo adecuado, y de la manera adecuada, eso no es nada fácil.

Visto así, ¿es o no es complicado el enfadarse?

Y ya que estamos, si eres de los que en alguna ocasión has padecido alguna de mis iras bíblicas sin que ésta se ajustara al nivel, momento, motivo o manera adecuados…  Desde aquí te pido disculpas, si no lo había hecho ya.

Que aunque todos sabemos que nadie es perfecto, la disculpa es la antesala del perdón.  Y suficientes problemas tenemos todos como para añadir leña al fuego por nuestro mal carácter.  Haya paz y concordia, que estaremos todos mejor. 

Y cuando tengamos que enfadarnos, que lo hagamos al modo aristotélico.  Difícil pero impecable.

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