El materialismo hace enmudecer al universo


Puede parecer curioso que la frase que da título al post de hoy proceda de un economista –E.F.Schumacher-, pero no es tan raro si asumimos que la meta-economía que él proponía abogaba por no confundir -como los necios, decía Machado- valor y precio…  Y que, mientras que la valoración del precio es claramente cuantitativa (más es mejor), la valoración del valor -válgame la redundancia- tiene que ver con lo cualitativo, con la ontología, con los distintos grados del ser.

Dice Schumacher que el materialismo hace enmudecer al universo porque sólo atiende a lo que podemos  ver, controlar, tocar y medir.  El guenoniano Reino de la Cantidad, tan propio de los signos de los tiempos.

Sin embargo -recuerda Fritz- no existe seguridad alguna de que el mundo esté constituido de tal forma que la verdad indudable sea toda la verdad. 

De hecho, él no defiende el ver para creer sino el creer para ver.  Porque del mismo modo que sólo atender a lo material hace enmudecer al universo, abrirse a la posibilidad de lo invisible hace que mil nuevos mundos se materialicen ante la atónita mirada de nuestro intelecto suprarracional.

Como afirmé en mi tesis doctoral sobre la meta-economía de este autor

En opinión de Schumacher, el principal problema gnoseológico del materialismo es un problema de adaequatio, de inadecuación entre lo que quiere conocerse y el instrumento que se emplea en esa labor.  Todo conocimiento se obtiene per modum cognoscentis, es decir, de acuerdo con las facultades cognitivas del estudioso.

(…) Resulta obvio que no es posible conocer la realidad en toda su complejidad si limitamos nuestros recursos de acceso a ella, si disponiendo de cuerpo, mente y Espíritu optamos sólo por emplear nuestros cinco sentidos físicos y el razonamiento lógico.

Hoy no voy a profundizar más en esta cuestión porque sólo quería generar esta primera grieta en el pensamiento dominante: ¿y si el mundo no es mera materia, sino que nuestra forma de mirarlo es la que nos impide acceder al resto de la Realidad? ¿Y si estamos confundiendo la epistemología con la ontología, lo que podemos conocer sin duda con lo que realmente es?

Ya nos adentraremos la semana que viene una idea complementaria a ésta y que con dulzura expresa el Principito de Saint Exupery: lo esencial es invisible a los ojos.

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