La derrota no es permanente


Hace unos días, me escribió un lector del blog para agradecerme un post con el que había sintonizado muy especialmente, y que le había llenado de esperanza cuando se encontraba -inmóvil- en el fondo de un oscuro pozo.

En su correo electrónico utilizó una expresión que me pareció cargada de fuerza y que he utilizado para titular el escrito de hoy: me he dado cuenta de que la derrota no es permanente, y de que siempre es posible volver a empezar.

Efectivamente, mientras hay vida hay esperanza.  Porque cada caída, cada derrota, cada fracaso, son batallas perdidas de las que podemos y debemos aprender para terminar ganando la guerra.  Cada revés -si lo vivimos con consciencia y ánimo de mejora- supone un paso adelante en el aprendizaje de un modo mejor de hacer las cosas.  Así lo entendió Thomas Alba Edison, de quien se dice que afirmó que los mil intentos fallidos de crear una bombilla incandescente no fueron mil fracasos sino un éxito conseguido en mil fases.

Ojalá también nosotros seamos capaces de enfrentarnos a las derrotas con este mismo espíritu, sin perder de vista que no son permanentes sino enseñanzas necesarias para alcanzar el éxito.

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