El mito como símbolo


Todos conocemos algunos mitos, aunque sólo sean los de los clásicos griegos o romanos.  Sin embargo, no todos somos conscientes del valor y profundidad de esas historias que se producen en el origen de los tiempos, in illo tempore.

Todo mito es una historia, pero no todas las historias son un mito.  Para serlo, la narración debe ser una trasposición dramatizada de los arquetipos que se encuentran en la mente divina y que condensan -en una sola historia- una multitud de situaciones que manifiestan estructuras o dinamismos comunes entre el mito, el ser humano y el mundo…  Lo cual permite al oyente ponerse en contacto directo, inmediato y experiencial, con las verdades y conocimientos que todo mito contiene y transmite.

Los clásicos les denominaban mitos, hoy pueden ser cuentos, leyendas o películas…  Incluso de dibujos animados.  No importa el formato, no importa el lenguaje ni importa cuándo ha sido creado.  Lo único importante -para que se trate de un auténtico mito- es que la historia nos ponga en contacto -no racional sino vivencialmente-  con lo más profundo de la Realidad, con aquella parte Invisible pero imprescindible del mundo, de nosotros mismos, de los demás e incluso de los dioses.

Los mitos no son historias para dormir, sino cuentos para despertar.  Dediquémosles su tiempo.

 

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