La ‘otra’ fecundidad del matrimonio


No deja de ser curioso que, algunos que hemos sido educados en un catolicismo supuestamente ortodoxo y conservador, sólo asociemos la fecundidad del matrimonio con el número de hijos que una pareja puede llegar a tener.  Hoy considero que se trata de una visión parcial -y, por tanto, incompleta- que da lugar a interpretaciones inadecuadas tanto de la fecundidad como de la paternidad/maternidad, e incluso del propio matrimonio.  Porque se puede ser fecundo -y mucho- sin tener tantas criaturas como los conejos, y se puede ser completamente estéril pese a tener una docena de churumbeles.

Hoy quiero dedicar unas pocas líneas a esa ‘otra’ fecundidad de la que no me hablaron tanto, sobre la que se pasó un poco de puntillas.  Ésa que parte del descubrimiento de que el matrimonio es un proceso, no una meta.  Es un éxodo de uno mismo hacia un nosotros, una vía espiritual de superación del egoísmo que se recorre en pareja.

Porque uno llega al matrimonio con su mochila, con sus costumbres, con su manera de hacer, con sus sueños, con sus expectativas.  Y si quiere que su matrimonio dure y sea exitoso, más le vale volcar su mochila sobre la cama -junto a la de su pareja- y hacer una maleta conjunta en la que habrá cosas de sus dos mochilas…  Y algunas otras que ninguno de los dos traía. 

De ahí nace la fecundidad del matrimonio, de ese encuentro de dos personas distintas que no intentan imponer su modo de ser, pensar o hacer al otro, sino que -unidos por ese amor que logra la coincidencia de los opuestos- dan a luz un nuevo modo de ser, una nueva cultura de carácter familiar que les define como nosotros.

El tiempo nos cambia, a todos, y no siempre para mejor.  Dicen que el buen vino con el tiempo mejora, y que el malo con el tiempo se agria.  Sucede algo parecido con las personas, salvo que éstas recorran el camino de transformación personal de la mano de otro.  Porque nuestra alma es oscura para nosotros mismos, pero cristalina para quienes nos aman.  Y así nuestra pareja puede arrojar luz sobre nuestras sombras, y nosotros sobre las suyas. 

Por eso hay quien dice que, en el matrimonio que lleva tiempo de relación, cada uno tiene a la pareja que se merece…  Porque la ha ayudado a formarse tal cual es.  Ésa es parte de la ‘otra’ fecundidad, la que se manifiesta en el desarrollo y madurez de cada uno de los esposos dentro de esa cultura familiar que es fruto de las fortalezas y debilidades de cada uno de ellos en interrelación con las fortalezas y debilidades del otro.

El matrimonio debe ser una convivencia que alimente y sane, que ayude a crecer a  los esposos, a los hijos y a todos los que les rodean, posibilitando un entorno en el que cada uno pueda manifestar ese grito silencioso que cada uno oculta en su interior.  Sin miedos ni vergüenzas, seguros de que somos amados y no juzgados.  Eso evita represiones y mentiras que ahogan y matan.  Eso nos muestra tal y como somos hoy y posibilita que todo lo que somos pueda forjarse y transmutarse en el crisol del amor y la convivencia familiar dando lugar a mil nuevas posibilidades.  Eso también es fecundidad.

No debemos, sin embargo, caer en una idílica visión de un matrimonio sin dificultades.  Porque, como decía Rafael Navarrete:

El hogar es un lugar de descanso y amor cuando cada uno ofrece lo mejor que tiene; pero la mejor tierra de labranza se inutiliza cuando la sembramos de exigencias y desconocimiento de lo que puede sucederle al otro.

(…)  La etapa de lucha por el poder termina felizmente cuando ambos comprenden que lo importante no es encerrarse en los propios intereses, sino amar la realidad, la verdad de la propia pareja y no los propios intereses.  Lo que importa a la pareja es que cada uno desarrolle en plenitud su propia personalidad, para ofrecerla al otro como el mejor de los regalos; cada uno descubre al otro como distinto y decide dedicarle su atención para comprenderle y servirle mejor; eso es amarle.

Unidad en la diversidad, esa es la clave de la fecundidad…  Como si de un sexo existencial se tratara.  Es preciso que seamos distintos para que podamos dar lugar a algo nuevo…  Distintos pero unidos, en un solo cuerpo, en un solo espíritu…  Dándonos y recibiendo, fecundando y dejándonos fecundar al mismo tiempo.  Así el tiempo pasará también en nosotros y nos cambiará, pero no nos alejará porque habremos cambiado juntos, modelándonos el uno al otro con lo mejor que tenemos y descubriendo lo mejor del otro.

Termino con otra cita del imprescindible libro de Rafael Navarrete ‘Para que tu matrimonio dure’.  Dice así:

Una pareja no la componen dos fósiles, sino dos seres vivos, en continuo crecimiento, que, a veces, se separan un poco  porque hoy no se comprenden; después se reencuentran de nuevo, se unen, en este juego continuo del día y la noche, de la luz y la oscuridad.  Así es como, juntos, trascienden todos los límites del ‘yo’ y dejan de estar encerrados en sus propias mazmorras.

(…)  El amor no puede extinguirse.  Lo único que puedes hacer para conseguir el amor del otro y mantenerlo es ‘ser amable’, ser capaz de despertar el amor de tu pareja constantemente.  Cuando veas que las cosas se complican, no las intensifiques con una mala cara, ni con palabras amargas.  No dejes de ‘hacer el amor’ siempre que sea conveniente; es un modo muy válido de reemprender de nuevo el camino del encuentro.  Pero no lo olvides ni te engañes: el amor no se ‘hace’, ¡se expresa, si antes ya se tiene!

Y tú lo tienes, así que deja que sea fecundo…  Deja que llene de Vida tu vida, permite a tu matrimonio ser tu particular vía de desarrollo personal y espiritual.

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4 comentarios en “La ‘otra’ fecundidad del matrimonio

  1. Bravo por este comentario que después de casi 36 años de feliz y comprometido matrimonio suscribo plenamente.

    A momentos Quim me recuerdas a un personaje del que me hablaron cuando yo era muy joven y que luego no he seguido mucho (falleció en 1990). Me refiero a Marcel Légaut. Los dos podríais ser lo que yo llamo “espirituales a pecho descubierto”. Aquí tienes la parte final de una extensa presentación de este realmente original autor francés.

    http://www.marcellegaut.org/?id=mlegaut&tit=Marcel-Legaut&p=4

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    1. Gracias, Jordi, por tu elogio… ¡Ya me gustaría a mí asemejarme, aunque sólo fuera un poquito, a un gigante como Légaut! Siempre es un placer contar con tus aportaciones y comentarios… Pero cuando me piropeas, mucho más 😉 Así que puedes pasarte por aquí cuando quieras 🤣

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