La prosperidad: ¿camino hacia la paz o fuente de violencia?


En mi opinión, no es fácil encontrar un economista humanista con la profundidad y sentido común de E.F.Schumacher…  Probablemente por ese motivo dediqué mi tesis doctoral a su meta-economía  😉

Me fascina su capacidad para teorizar poniendo en el centro el potencial humano, pero sin perder jamás de vista que nuestro ser no siempre coincide con nuestro deber ser…  Y que esa distancia debe ser tomada en consideración si no queremos caer en el error -tan común en la historia- de crear sistemas ideales que pasan por alto la imperfección humana y que, por eso mismo, acaban transformando lo que debería ser un Paraíso en la tierra en el peor de los infiernos.

Hoy quisiera acercarme contigo a una de sus reflexiones en torno a la idea de prosperidad material, que bien puedo hacer mía.  En primer lugar, nos plantea que en una sociedad que pasa por alto lo invisible, el bienestar y la felicidad sólo pueden entenderse vinculados al patrimonio y al consumo, a la prosperidad material.  Y, entonces, se pregunta si éste es un camino de paz o de violencia.

Comienza con una reflexión que parece tener una lógica aplastante:

¿Por qué debería un hombre rico ir a la guerra?  No tiene nada que ganar.  ¿No es más probable que lo hagan los pobres, los explotados, los oprimidos, ya que no tienen nada que perder más que sus cadenas?  El camino de la paz, se argumenta, consiste en seguir el camino de la riqueza.

Sin embargo, a medida que profundiza en el asunto -y muy especialmente en la naturaleza del ser humano- cae en la cuenta de que las personas tenemos ansias infinitas y posibilidades limitadas de satisfacer nuestros anhelos materiales, por lo que estamos abocados a la insatisfacción, personal y colectiva:

[La Sabiduría] nos permite ver el vacío y las insatisfacciones de una vida dedicada básicamente a la obtención de fines materiales, con detrimento de lo espiritual.  Tal vida necesariamente enfrenta al hombre contra su prójimo y a las naciones entre sí, porque las necesidades de hombre son infinitas y la infinitud puede ser alcanzada sólo en el reino de lo espiritual, jamás en lo material.

Y esta tendencia a una violencia fruto del deseo desmedido, afirma, se ve reforzada por nuestra natural tendencia a la acomodación, a considerar necesidades lo que poco antes de lograr considerábamos un lujo.  Así, el bienestar material no sólo no conduce al bienestar personal, a la tranquilidad y la satisfacción sino que -demasiadas veces- nos vuelve cada vez más dependientes de las cosas, más esclavos y menos libres.  Y así, regresamos a la senda de la violencia que queríamos evitar.

¿Cómo salir de este círculo y encontrar la paz?  Persiguiendo y poniendo en el centro de nuestra existencia aquello que no se pierde al ser compartido, los bienes que no son efímeros, los valores que no son bursátiles sino más propiamente humanos.  Porque la auténtica prosperidad no depende de acumular bienes, sino de reducir necesidades y de compartir amorosamente lo que se tiene.  Ése es el camino del bienestar, de la paz y de la más íntima y profunda satisfacción y felicidad.

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