Desarrollo, esa palabra prostituida


Parece que el término “desarrollo” es un mantra ante el que uno sólo puede inclinar la cabeza como símbolo de respeto.  ¿Cómo oponerse a esta idea de que ‘una persona o cosa pase por una serie de estados sucesivos, de manera que crezca, aumente o progrese’ (RAE)?  ¿Quién podría ser tan malvado o necio como para oponerse a algo tan natural o maravilloso?

Pues mucho me temo que yo…  Y, si eres un lector asiduo del blog porque coincides con lo que aquí se reflexiona y comparte, puede que también tú.  Porque, desgraciadamente, en la actualidad se habla de desarrollo…  Pero no se especifica si de las personas o de las mercancías…  Y, en demasiadas ocasiones, el desarrollo de un mercado requiere del deterioro de las condiciones sociales y humanas de parte de las personas que lo componen.

Así de sencillo y de claro: por no especificar, a menudo nos dan gato por liebre.  Y no es algo completamente nuevo, llevamos unos cuantos años con esta tendencia a la que también E.F.Schumacher criticó con certera frase:

Si hablamos de promover el desarrollo, ¿qué es lo que tenemos in mente: mercancías o gente?

Inquietante pregunta de cuya respuesta depende que nos encuentren a su lado o en frente.  Porque nuestra humanidad debe ser defendida…  Y el lenguaje también.  Exijamos que las palabras se utilicen con propiedad para iluminarnos y entendernos, no para confundirnos y engañarnos…  Por mucho dinero que reporte.

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