La fragmentación que mata


A veces, por intentar pasarnos de listos, caemos en la mayor de las tonterías. Ante un mundo complejo y aparentemente inabarcable, tenemos la brillante idea de fragmentarlo, de hacerlo añicos y enfrentarnos a un trocito más manejable… Y del resto que se ocupe otro.

Puede que al principio seamos conscientes de que hemos tomado esta decisión movidos por la experiencia de nuestra impotencia, de nuestra incapacidad de abarcarlo todo. Pero al poco tiempo el orgullo -ese compañero de viaje que sólo nos abandona una semana después de nuestra muerte- hace su aparición en escena y nos lleva a pensar que la parte es el todo, y que nuestro conocimiento de un fragmento es -en realidad- sabiduría sobre los secretos del universo. Y nos lo creemos, y actuamos en consecuencia… Como auténticos dementes.

La especialización que fragmenta podría tener cabida en un mundo interconectado como el nuestro si todos fuéramos conscientes de nuestra miopía cognoscitiva y de la necesidad de compartir y consultar con los demás para obtener una visión más amplia y veraz de la realidad.

Pero parece que somos incapaces de vivir una especialización instrumental que nos recuerde nuestras limitaciones… Así que, si queremos ensanchar nuestra visión, me temo que deberemos tratar de volver al punto anterior a la fragmentación que ha hecho añicos la realidad hasta matarla.

¿Cómo hacerlo? Tal vez, recuperando nuestro interés por los saberes que parten o anhelan la Unidad o la Síntesis: la filosofía entendida al modo clásico y la espiritualidad concebida de un modo amplio como apertura a esa Trascendencia que está más aquí y más allá de cada uno de nosotros, de cada fragmento que -en el fondo de su ser- tiene sed de ser reintegrado.

Porque, como si de un motor destripado se tratara, tenemos cientos de piezas inertes que demuestran que la suma de las partes no es igual al todo. Porque, si no ponemos cada una en su sitio, posibilitando que establezca las relaciones debidas con el resto de elementos del motor, éste no funcionará… Y habremos perdido lo que hacía de las piezas, de cada fragmento, algo realmente especial.

Y nosotros, ¿apostamos por la fragmentación que mata o por esa visión holística, más amplia, que da sentido y función tanto a cada pieza como al conjunto?

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