VIVIR SIN PASIÓN NO ES VIVIR


Hay personas que viven, y personas que se arrastran por la vida.  Hay personas que transmiten energía y felicidad, y otras que son como un oscuro agujero negro capaz de apagar toda luz y hacer desaparecer todo rastro de alegría.  Suele notarse en su modo de andar: firme, seguro y enérgico en el caso de los primeros, y lento, irregular y dubitativo en el caso de los segundo.

¿La principal diferencia entre ambos?  ¡La pasión!

Pero es importante tener en cuenta que la pasión -como todo- es una realidad ambivalente.  Por una parte es la alegría, la ilusión y la energía que acompaña a la realización de un proyecto, pero -como su propia etimología indica- también hace referencia al padecimiento y sufrimiento que lo acompaña.

¿Cómo casar esos dos aspectos?  Entendiendo que la pasión es esa alegría, ilusión y energía que nos llevan a superar el padecimiento y sufrimiento que acompaña a la realización de un proyecto.  Por eso la pasión es tan importante, porque sin ella no hay proyecto que llegue a buen puerto.

Y no hay ser humano feliz sin proyecto, porque somos constitutivamente anhelantes, nos mueve el deseo de alcanzar o realizar algo que sentimos como propio pero de lo que carecemos…  Como si nos lo hubieran arrebatado al arrojarnos a este mundo pero guardáramos su recuerdo en nuestra memoria.  Ésa es la base de la idea de vocación, de misión, de proyecto de vida capaz de apasionarnos y conducirnos a la felicidad que tan bien describen estos versos de Rumi:

Tienes una tarea para realizar.
Desde que has nacido la tienes
pero raramente la descubres.
De vez en cuando,
y como una estrella,
alguien la devela.
Entonces, con ella,
ilumina al mundo.

Cuando no la has descubierto,
cuando no has puesto en claro tu tarea,
entonces vagas sin rumbo,
te abandonas a la desidia o a la desdicha,
o te empeñas y te afanas
y corres y luchas, enardecidamente;
o te embarcas perezosamente en tus ensueños;
o roes amargamente la realidad,
como un hueso que se escapa a tus dientes,
o persigues la vida, desesperado,
como a una flor única que te niega a su perfume.

Porque hagas lo que hagas,
es a ti a quien persigues,
y tu tarea es: encontrarte.
Tu tarea es: saber quién eres.
Tu tarea es: saber para qué eres.

Y hagas lo que hagas,
y aunque te multipliques y te agotes,
y aunque persigas encarnizadamente tus sueños,
si no realizas Esa tarea:
no habrás hecho nada, nunca,
en tu vida.

Recuerda que -en el mismo sentido- el gran Stendhal ya advertía que el hombre que no ha amado apasionadamente, ignora la mitad más bella de la vida.

Y no hay que entenderlo sólo como la pasión propia del amor romántico.  Hay que vivir enamorado de la vida, apasionado por aquello que más tenga que ver con quienes somos, por aquello que dote de sentido y misión a nuestra existencia.  Creo que es difícil expresarlo mejor que en una conocido oración de Pedro Arrupe que dice así:

Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.

Pero no te engañes: la pasión es enemiga de la rutina.  Es difícil mantenerse enamorado y apasionado en un entorno de constante repetición inconsciente, por muy cómoda y segura que ésta pueda resultar.  La pasión exige novedad, reto, proyecto, caminar.

No nos apoltronemos en nuestra situación, en el área de confort que nos hayamos construido, porque lo que ayer nos daba vida, mañana nos asfixiará.  Estate atento al desánimo.  En cuanto sientas que aparece, lanza tu mirada hacia el horizonte y sigue avanzando hacia una nueva meta que -en la dirección de tu Destino- veas viable pero difícil y, por eso mismo, sea capaz de enamorarte y llenarte de pasión.  ¡Nada llena más que una conquista que parecía casi imposible!

Estando enamorado, el propio camino se vuelve apasionante.  La meta te llama, pero es cada paso el que te reafirma en tu decisión de perseguirla porque -el sentirte en el lugar adecuado- te retroalimenta y te anima a seguir avanzando pese a los esfuerzos, renuncias y cansancio que acompañan a toda aventura que se precie.

No hay prisa, ésta es una carrera que dura toda la vida.  Encuentra tu ritmo.  Las circunstancias y tu pasión serán las que te marquen el paso.  No importa cuál sea.  Pero no te pares, que no decaiga la pasión, que no deje de latir tu corazón.

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